
Lo que viene en el campo de la política para los siguientes días es un reto, tanto para los actores e instituciones políticas como para la ciudadanía.
El desasosiego, la incertidumbre, el temor y el hartazgo por un lado, frente a la ilusión de quienes viven fascinados con la práctica del ejercicio de la política, ya sea por los cambios que se pueden generar en lo social, como la ilusión de hacerse de recursos de cualquier índole o la posibilidad de generar compromisos económicos o de otro tipo con la clase política.
El panorama es incierto, porque va creciendo una comunidad más informada, que en estos momentos está recibiendo una lección inesperada: aprender a prevenir para tiempos desfavorables, a ahorrar recursos, a descubrir y ejercer nuevas dinámicas en las relaciones de trabajo, familiares y de carácter social.
También hemos descubierto que para problemas que nos son comunes como grupo social, nosotros somos parte de la solución, que un gobierno no puede ni podrá resolver por si mismo, problemas que nos aquejan a todos.
Como sociedad, y resultado de está pandemia, nos enfrentamos a un crecimiento delicuencial, a una disminución de las ofertas de trabajo, mayor pobreza y por ende mayor escasez de recursos, a más violencia intrafamiliar y de género, a falta de políticas públicas de atención a la clase media, y más desilusión en torno a la clase gobernante y política.
En este entorno, lo que viene deberán ser propuestas de trabajo político acorde a una nueva realidad; de soluciones inmediatas, pero también a mediano y largo plazo.
Al momento existen grandes esfuerzos por generar trabajo y crecimiento económico, da gusto ver nuevas obras en construcción, por citar un ejemplo (y no hablo del gobierno), sino de empresas privadas y familias que apuestan a una vida mucho mejor, también muchas opciones de crecimiento y emprendimiento para encontrar soluciones en medio de la pandemia.
También, hay que reconocerlo, estamos conociendo situaciones de corrupción al interior de los gobiernos de todas las corrientes políticas-ninguna se escapa-, y que afortunadamente se prevé reciban sanciones ejemplares.
Aunque, el problema de la inseguridad no ha disminuido nada, porque -debemos reconocerlo- el gobierno ha sido incapaz de resolverlo, y en esta materia las propuestas deberán ir más allá de la simple promesa -no creíble-, de que trabajarán en abatirlo, pues la solución no está en cambio de nombre de instituciones, sino en la responsabilidad de aplicar la ley tal cual cómo está escrita.
Los discursos serán los mismos en la siguiente jornada electoral, y serán una razón para no votar por esas opciones, se necesitan discursos que apunten la forma en la que lo harán, sanciones ejemplares para delincuentes que inhiban a otros que quieran seguir por la misma ruta, reparación del daño a las víctimas y sin someterlas a sufrir el peso de los trámites y carga burocrática, a una educación laica pero abundante en valores y un código de ética que respete y privilegie los derechos humanos.
Necesitamos a alguien cuyas propuestas sean más que sueños guajiros, que apueste a liberar los gobiernos de una mafia que se apodera de los puestos políticos y negocian para dar continuidad en los mismos a sus familias, negociando puestos para hijos o sus parejas, de tal forma que parece que no existieran más ciudadanas y ciudadanos con capacidad para ocupar esos cargos.
En lo que viene, necesitamos a una persona o personas que piensen a México y su gente a la altura de países de primer mundo, más justo y más igualitario, que vean a un México que proponga soluciones y crea alternativas económicas propositivas, pasar de ser un país de industria maquiladora a un país de inventiva, capaz de proveer recursos, procesarlos y venderlos, sin menoscabo del medio ambiente.
Lo que viene deberá ser un ejercicio democrático acorde a esta nueva realidad, no mítines, no visitas domiciliarias, no prebendas políticas, no compra de votos.
Y si a discursos sustantivos con propuestas realistas, si a nuevas formas de comunicación, si a estudios sobre los problemas que enfrentamos como sociedad y que contengan propuestas de solución.
Estamos ante una época de generar contrapesos reales, no simulados. Estamos en la época en la que ya no debemos temer apostar por cambios que nos beneficien a todas y todos.
Estamos en la época en la que podemos investigar e informarnos para no hacer llegar a los puestos de gobierno a personas ligadas a la delincuencia organizada o no, la mera sospecha ya es indicio para reflexionar y virar la intención de nuestro voto.
Estamos ante una oportunidad de dar una nueva cara a nuestras instancias gubernamentales.
Investiguemos, sopesemos propuestas, no descartemos nada, que no queden sospechas en torno a la reputación de alguien porque “cuando el río suena es porque agua lleva”, o como dicen también “ahí dónde están llorando está el muerto”.
Tenemos una gran oportunidad y si la mal llamada clase política quiere seguir viviendo del erario público, que muestre hechos, realidades, que sea honesta, que no negocie en lo oscurito.
Si necesitamos gente con experiencia en la administración pública o gubernamental, pero también sea honesta; astuta, pero coherente con nuestros valores; que sea capaz de negociar, pero pensando en aquellas personas que menos tienen o más desfavorecidas.
Necesitamos que sepan administrar recursos públicos, pero no en beneficio de ellos, sus familias y sus grupos políticos, sino en beneficio de toda una sociedad.
Amigas y amigos, lo que viene se torna interesante, ustedes ¿qué opinan?
Espero sus comentarios y no olviden seguirme en mis redes sociales, deseo se sigan cuidando y a sus familias.
Twitter @TeoBriceo Instagram @theobri y Facebook Teodoro Briceño de la Parra, hasta pronto.
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