En la historia de la humanidad siempre se han cometido crímenes en nombre de la defensa del territorio, ideologías y creencias de todo tipo. En el San Luis Potosí del siglo XXI se cometen en nombre del coronavirus.
En una representación miniatura de la política migratoria de Estados Unidos, principalmente en contra de mexicanos que buscan el sueño americano, en los pueblos, comunidades, ejidos y hasta municipios de San Luis Potosí «cerraron sus fronteras” para impedir que los extraños (contaminados todos, excepto ellos) llevaran el virus que, les dicen en televisión e internet matará a cientos de miles de millones.
La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos garantiza en su artículo 11 que “Toda persona tiene derecho para entrar en la República, salir de ella, viajar por su territorio y mudar de residencia, sin necesidad de carta de seguridad, pasaporte, salvoconducto u otros requisitos semejantes”, a la hora del pánico nada importó.
En el colmo de la violación constitucional los propios diputados, vigías de la Carta Magna, proponen, piden y exigen que sean los propios policías quienes impidan el libre tránsito, que no vengan de otros estados, mucho menos de otros países, (contaminados todos, excepto ellos).
El artículo 123 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos garantiza que “Toda persona tiene derecho al trabajo digno y socialmente útil”. En las últimas semanas el Estado no sólo suspendió la promoción para la generación de empleos, sino que, arrastrado por una ola de inactividad mundial, suspendió, primero por las buenas, los trabajos en trasnacionales y empresas de manufactura y ahora por la fuerza en changarros cuyos dueños viven, literalmente, al día.
La COEPRIS, convertida en “gran hermano”, decide qué negocios son actividad esencial y qué negocios no lo son, sin mayor criterio que la estrecha conciencia de los inspectores, para quienes comprar calzones se convirtió en un lujo que los potosinos no se pueden dar en época de pandemia.
Durante el periodo de cuarentena no sólo es imposible que se le descomponga el refrigerador, la lavadora y muchísimo menos la licuadora, ni qué decir del vehículo, todo eso son artículos que, según la COEPRIS, son lujos no esenciales para la vida moderna de los potosinos.
En el nombre del coronavirus está prohibido hacer deporte, la diversión, la depresión, la ansiedad, la nostalgia, la felicidad, la soledad y hasta hacer el amor.
Los niños no pueden pedir juguetes porque las jugueterías son “el principal punto de contagio. Las viejitas no pueden comprar estambre para pasar las horas de tedio porque las boneterías son “el principal punto de contagio”. Los jóvenes no pueden ir al cine, antros, restaurantes, bares ni ningún otro lugar porque son “el principal punto de contagio”, empresarios de todo tipo no pueden ir al banco ni a realizar trámites administrativos porque todos son “el principal punto de contagio”.
Desde el extremista punto de vista de los expertos en coronavirus que abundan en redes sociales, negocios que antes registraban una visita al día ahora son “un principal centro de contagio” por lo que deben, inminentemente, cerrar.
El pánico generalizado e intensificado gracias a las redes sociales y sus millones de expertos en el coronavirus, han provocado que los médicos, imposibilitados para cuestionar y ejercer el criterio propio, diagnostiquen coronavirus a diestra y siniestra. Todos los síntomas de todas las enfermedades devienen en covid.
La histeria colectiva ha provocado que todos teman morir de coronavirus, pero no de un asalto o una ejecución producto del crimen organizado. Consumidores de tabaco, marihuana, cocaína, cristal y otras drogas legales e ilegales mantienen sus adicciones, pero portan cubrebocas y guantes de látex que han dado al traste con años de campañas para evitar la contaminación del planeta.
Diabéticos e hipertensos, se aferran con la misma intensidad a sus malos hábitos y a los tapabocas que sólo se quitan para seguir comiendo de forma desmedida.
Mientras el mundo se prepara para volver a la normalidad, en medio de una crisis económica que apenas comienza, en San Luis Potosí intensifican el cierre de changarro e incitan a que, al estilo de la Gestapo, se acusen unos a otros para reportar todo, excepto crímenes y delitos.
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