El presidente municipal de San Luis, Xavier Nava, es digno heredero de sus mayores. Las cualidades que lo adornan, a la vista de los ciudadanos, le llevaron al cargo por aclamación popular. Por supuesto, para hacerse con la alcaldía, rehabilitó el famoso “navismo”, que se recupera cada vez que hay elecciones en el Estado. La capacidad del navismo para reinventarse cuando advierte hueso merecería sesudo y riguroso estudio. El alcalde actual siguió escrupulosamente el manual del buen navista. En primer lugar, nadie es navista hasta que la viuda, los hijos, los primos, los sobrinos, los nietos, etcétera, lo deciden.
Sorpresivamente, la designación siempre recae en un Nava. Para el navismo es indiferente PRI, PAN, PRD, Morena. Lo único importante es el navismo. En la última ocasión, el lema fue “Herederos legítimos del legado del Dr. Nava”; antes había sido “Legítimos defensores del ideario navista”; ahora se alista “Frente navista auténtico del navismo auténtico ahora sí a de veras”.
El navismo es un movimiento democrático reconfigurado en Sociedad Familiar de Capital Variable que hay que estabilizar en cada elección. Una vez que los Nava eligen al Nava auténtico, viene el llamado a los ciudadanos para que apoyen al nuevo navismo. Si las elecciones les favorecen, comienza la limpieza de sangre de los verdaderos navistas y los colados. La depuración arroja siempre el mismo resultado: son navistas los Nava y no lo son los demás. Lo cual tiene como efecto práctico que los puestos y las prebendas se reducen significativamente, de manera que cada Nava accede a uno o dos o tres cargos con sus correspondientes nóminas y prebendas. Xavier Nava, pues, se hizo heredero del navismo porque así lo decidieron los Nava.
En el ejercicio, el actual alcalde no oculta la inmadurez de quien nunca ha tenido que luchar en contra de la adversidad y que se presume ya un rasgo de carácter; ese gusto por la corrupción y el dinero fácil de quien se indigna cuando se le acusa; esa incomodidad cuando se le recuerda que es un traidor como demuestra que levantara el brazo victorioso a quien hoy su enemigo personal. El infantilismo de Nava es equiparable a su frivolidad. Su gestión como funcionario es proporcional a su incompetencia. El alcalde es un pobre tipo a quien el clan convenció para seguir viviendo desahogadamente a cuenta de la memoria del Sr. Salvador Nava que, según parece, trabajó por todos sus descendientes. Por eso Xavier Nava no trabaja, por eso miente abiertamente a los ciudadanos, por eso favorece a los amigos, por eso coloca a los familiares. El Presidente Municipal es sólo un gestor de los intereses de la familia. El municipio es un juguete en las manos de un niño berrinchudo al que han convencido de que es mayor de edad y que puede asumir alguna responsabilidad. Como ignora el significado de la palabra, la confunde con antojo y capricho. El resultado está a la vista: un niño mal encarado que concibe a la sociedad como un enorme jardín de infancia en que se reparten paletas y caramelos de sabores y ponen caritas felices, y las quiere todas para sí.
Con todo, en un año asistiremos al nuevo navismo, “Navismo legítimo de los herederos auténticos del legado navista auténtico de verdad y no como antes”, al servicio de los Nava, sin importar si unos son del PAN o del PRD o del PRI o de Morena, al fin lo importante es un apellido al que la sociedad potosina debe de servir incondicionalmente porque el navismo son los Nava. Y, luego, Nada.
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