Desde las primeras horas del lunes 18 de enero se vio en las oficinas nacionales de MORENA un desfile de potosinas que acudieron a inscribirse como precandidatas a la gubernatura de San Luis Potosí. El único requisito para las aspirantes era tener ganas de hacerlo, ni siquiera la militancia al partido era indispensable. Pero por los personajes que se dieron cita, eso parecía competencia de la más peor, en lugar de de la más mejor, la más capacitada, la que tuviera mayor experiencia, la que tuviera mejor perfil y activos políticos.
La designación de la candidatura de MORENA a la gubernatura de San Luis Potosí parece más la rifa del avión presidencial que una elección de capacidad, aptitudes, actitud, activos políticos, experiencia y hasta traumas psicológicos.
Fuera de muy contados casos como el de Lucy Lastras y Francisca Reséndiz, que tienen años en el servicio público, el resto de candidatas no lo tiene.
Para MORENA basta tener ganas como mayor requisito para asignar una candidatura. Les resultó en el 2018, cuando regalaron las posiciones a pandilleros, amas de casa, gente que iba pasando y hasta en las rifas. Pero para el 2021 el panorama, de seguir como van, les vaticina una derrota peor que la sufrida por el PRI.
La doctora Mónica Rangel, que no es militante de MORENA, dejó una Secretaría de Salud en crisis de salud, de confianza y en problemas contables por las auditorías que enfrenta para la comprobación de la designación de contratos millonarios a personas como Gabriel Salazar. Desde la Secretaría General de Gobierno le endulzaron el oído y ella escuchó el canto de las sirenas, aunque el costo político pudiera ser terminal.
Paloma Rachel Aguilar Correa tomó la defensa de la sierra de San Miguelito como estandarte político rumbo a la gubernatura de San Luis Potosí. Desde su casa en El Pedregal, con valor de 8 millones de pesos, planea la estrategia para convencer a los potosinos que ella es la elegida del presidente Andrés Manuel López Obrador, aunque los cibernautas lo interpretaron como que es su querida, no su elegida.
Angélica Mendoza Camacho como diputada local tuvo solo dos logros: hacerse la lipoescultura y el zafarrancho que armó (donde juró que le robaron su anillo «dioro») luego de que PRI y PAN les ganaron el mandado con la presidencia de la Mesa Directiva del Congreso. De ahí en fuera su desempeño legislativo fue tan decadente como el del Mijis o el resto de sus compañeros. Gris y sin la tan anunciada transformación de San Luis Potosí
Tere Carrizales, abogada de profesión, oficial del Registro Civil, personifica la violencia que los hombres y la política ejercen sobre las mujeres. Padeció en carne propia las agresiones físicas ordenadas por el alcalde Xavier Nava Palacios. Literalmente a rastras la sacaron de su oficina. Pero de eso a ser gobernadora?
El resto de mujeres son unas completas desconocidas. Si a caso son reconocidas como integrantes de MORENA. No tienen trabajo con el pueblo, no tienen experiencia, no tienen aptitudes, no tienen lo que San Luis Potosí y los potosinos esperamos de una gobernadora.
Cuando se realizó la rifa del avión presidencial el Gobierno Federal tuvo que recurrir a la compra de boletos de lotería y regalarlos ante la falta de interés de los mexicanos. Ahora pareciera lo mismo. MORENA regala la candidatura a quien se deje querer, en la competencia de la más peor.
La capacidad, esa está de sobra en MORENA.
Luego no digan que no tuvieron la oportunidad…
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