Miguel Ángel Aguilar Robledo pretende asaltar la rectoría de la UASLP desde su búnker de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades. No se sabe bien a bien si es en broma o en serio. Hace cuatro días declaró con una facundia que sólo es resultado de la estulticia: “en mi administración los acosadores serán sancionados”. Sin faltar a la verdad, no es más tonto porque no se entrena. Como director de la Facultad ha tenido ocasiones múltiples para sancionar a los acosadores. No hizo absolutamente nada o sí, exactamente nada. Al anodino Aguilar Robledo no le importaron las vidas frustradas de las estudiantes, ni que tuvieran que irse a otros lugares para seguir sus estudios, ni que su facultad se convirtiera bajo su supervisión en coto de caza para depredadores sexuales. Ahora resulta que quiere castigarlos. ¿No será una consigna de campaña que ya ha naufragado? Veamos. Entre los acosadores de tiempo completo que circulan en su Facultad, está el caso ominoso de Ramón Manuel Pérez Martínez. Muy machito, Aguilar Robledo lo trasladó de la Facultad al Centro de Investigaciones Humanísticas. Es decir, no solucionó el problema, lo trasplantó. Cuando se transponen cosas, no se resuelve nada puesto que el problema no está en el espacio sino que es inherente a la persona. Pensar que la ubicación es remedio se antoja de idiotas o de perversos que consideran a los otros imbéciles. En cualquier caso no parece que sean aptitudes recomendables para alguien que aspira ¿aspiraba? a la rectoría de la UASLP. (La cronista-corista, que no dice una verdad desde que tenía tres años, con vaso de vodka bien servido, se mira al espejo y exclama: “caray, soy un monumento”). De hecho para nadie que aspire a cualquier cosa.
Pero el caso del acoso o el acoso del caso no termina aquí para Miguel Ángel Aguilar Robledo. Sus medidas dirigidas a proteger a profesores por encima de los intereses de la sociedad, lo vuelven cómplice de facto de las tropelías. De manera que el candidato o excandidato legítimamente podría ser denunciado por encubridor o cómplice necesario si lo presunto se transforma en culpable. Dicho de otro modo, Miguel Ángel Aguilar Robledo se presenta a unas elecciones a la rectoría de la UASLP en su condición de cómplice de presuntos delitos. No hay duda de que si los casos se judicializan deberá dar explicaciones. Ejercer la dirección sólo para recibir prebendas y sueldos no es muy responsable. Ahora resulta que es responsable para ser Rector, ¿también para las prebendas y los sobresueldos? Claro, dirá que el reglamento del personal académico de la Universidad, y todas esas pendejadas. Lo único cierto es que no hizo nada que no fuera encubrir y solapar. Excelentes credenciales para la comunidad universitaria. Lo peor, con todo, no es la ambición del sujeto, sino el hecho de que la Universidad permitiera siquiera su candidatura. Miguel Ángel Aguilar Robledo representa lo peor de la hipocresía en lo personal, institucional y social. No expongo corrupciones, corruptelas e ilegalidades que al parecer siembran la actividad del individuo, muchas de dominio público, otras todavía privado. Pero puede tener la seguridad de que todo saldrá por los mismos motivos por los que él también filtra información.
Miguel Ángel Aguilar Robledo es un bufón o un tartufo en un proceso que debería contar con candidatos solventes en lo personal, profesional y moral. Su candidatura mancha a los universitarios, mancilla a la Universidad, afrenta a la sociedad. Su intención misma es un nuevo oprobio sobre las alumnas, profesoras y trabajadoras vejadas y agredidas. ¿A qué juega el señor? ¿Y la Universidad?
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