- Por Elías Landero
Como ya refirió hace unos días, María Isabel Monroy Castillo innova en el arte del plagio https://vuelomagazine.com.mx/?p=38963. No se conforma con plagiar sino que se esmera plagiando plagios previos. En esta entrega se consigna el mismo plagio de Primo Feliciano Velázquez pero en otra obra escrita en esta ocasión por la propia plagiaria María Isabel Monroy Castillo y el intrépido Tomás Calvillo Unna. Habría que añadir en descargo de Tomás Calvillo Unna que dada su incapacidad para trabajar, su nombre aparece en la obra porque fue quien generó el recurso para realizarla. Breve historia de San Luis fue financiada por recursos públicos para integrarse en un fideicomiso constituido con recursos públicos y publicado por una editorial financiada por recursos públicos. Lo interesante es que los autores no devuelven esos recursos sino que se los embolsan en un esquema de evidente malversación. Dejando esta pejiguera y volviendo a los plagios, parece injusto acusar a Tomás Calvillo Unna de plagiario por los motivos aducidos, aunque por otra parte registró su nombre como coautor seguramente para beneficiarse en lo económico. En realidad el modus operandi de Calvillo de no pegar palo al agua jalona su biografía. Todavía se recuerdan los moches que entregó a sucesivos jurados para hacerse con el premio 20 de Noviembre en que mostró por primera vez sus pinturas o “No Manches” como se las conocen en que aplicó la epatante técnica “No mames painting”. Todo indica que el afanoso mercachifle y merolico se limitó a consignar su nombre en la portada de la historia más que breve idéntica a la de Primo Feliciano. Pero como es coautor del libro atendiendo a la portada, cabe conjeturar que el plagio Monroy-Calvillo es efectivamente un plagio cometido por la pareja de zopilotes y que Monroy en el artículo Monografía. Independencia y revolución: una mirada a San Luis Potosí no sólo plagia a Primo Feliciano sino también a Tomás Calvillo Unna. Por tanto, el plagio de un plagio. Primo Feliciano escribe:
- Los tumultos, levantamientos ocurridos entre mayo y octubre de 1767 en la ciudad de San Luis Potosí y pueblos de su jurisdicción, coinciden con los motines de Apatzingán, Uruapan, Pátzcuaro, Guanajuato, San Luis de la Paz y San Felipe y se les atribuye como causas el establecimiento del estanco del tabaco y la expulsión de los jesuitas. En el caso de San Luis es necesario añadir el descontento de los vecinos y mineros del cerro de San Pedro, a quienes habían dejado de reconocerles sus facultades y privilegios de mineros otorgados por las ordenanzas de minería. A ellos se aliaron, por los mismos motivos, los habitantes de San Nicolás del Armadillo, rancheros de la Soledad, Concepción y otros. […] La sedición se extendió desde San Felipe hasta Fresnillo, Bolaños, Venado, San Jerónimo de la Hedionda, Matehuala y Saltillo. (p. III)
Monroy-Calvillo redactan en su Breve historia:
- Los Tumultos, levantamientos ocurridos entre mayo y octubre de 1967 en la ciudad de San Luis Potosí y pueblos de su jurisdicción. Coinciden con los motines de Apatzingán, Uruapan, Pátzcuaro, Guanajuato, San Luis de la Paz y San Felipe, a los que generalmente se les atribuye como causas el establecimiento del estanco del tabaco y la expulsión de los jesuitas; sin embargo, en San Luis Potosí el caso revela matices de carácter social que lo hacen singular. […]
- Los serranos tenían como aliados naturales, y por los mismos motivos, a los vecinos de San Nicolás de Armadillo, rancheros de la Soledad, Concepción y otros. (p.114)
El plagio posterior de Monroy registra en Monografía. Independencia y revolución: una mirada a San Luis Potosí:
- Los tumultos, levantamientos ocurridos entre mayo y octubre de 1767 en la ciudad de San Luis Potosí y pueblos de su jurisdicción, coinciden con los motines de Apatzingán, Uruapan, Pátzcuaro, Guanajuato, San Luis de la Paz y San Felipe y se les atribuye como causas el establecimiento del estanco del tabaco y la expulsión de los jesuitas. En el caso de San Luis es necesario añadir el descontento de los vecinos y mineros del cerro de San Pedro, a quienes habían dejado de reconocerles sus facultades y privilegios de mineros otorgados por las ordenanzas de minería. A ellos se aliaron, por los mismos motivos, los habitantes de San Nicolás del Armadillo, rancheros de la Soledad, Concepción y otros. […] La sedición se extendió desde San Felipe hasta Fresnillo, Bolaños, Venado, San Jerónimo de la Hedionda, Matehuala y Saltillo. (p. III)
María Isabel Monroy Castillo y Tomás Calvillo Unna son dos plagiarios acreditados, pero Monroy Castillo agrega algo más, innova, transforma, crea, haciendo del plagio no ya un recurso sino un reto, desbordando los límites del plagio para ofrecer no sólo un plagio sino el plagio del plagio en un fantástico bucle afiligrana merecedor de mejor suerte. El fraude al servicio de la creatividad. En puridad es difícil pedirle algo más a Monroy Castillo dadas sus limitaciones, pero por lo mismo debería dedicarse a otra cosa. Aparentar, simular, fingir son aptitudes de las que hace gala pero que no resisten el primer contacto. Para empezar debería renunciar a su cargo de cronista de San Luis Potosí porque San Luis no se merece a una defraudadora. Más que cronista debería continuar con su carrera de vedette. O, en su defecto, las nuevas autoridades deberían pedirle la renuncia con carácter de urgencia.
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