Elias LanderoPor Elías Landero

 

 La inmoralidad manifiesta de María Isabel Monroy Castillo se desborda también en su vida profesional. Entre tantos, los diminutivos Zamanillo y Calvillo se transforman en lo académico en Gortari y Cetina, entre muchos. Al margen de este modus operandi debidamente afinado durante años, Monroy Castillo destaca como secuestradora de obras de autores que firma como propias. Opera como coartada la ignorancia de los potosinos sobre sus historiadores. Los nombres no son pocos, pero sobresalen Primo Feliciano Velázquez, Andrés Estrada y Rafael Montejano y Aguiñaga, sin desmerecer a Joaquín Antonio Peñalosa. No deja de ser irónico que la mayoría sean presbíteros, como si solicitase perdón de antemano por una actuación que exhibe la falta. Monroy Castillo ha plagiado de manera constante y sostenida durante cuarenta años. En este tiempo ha sido capaz de innovar en el género: no sólo plagia, sino que además plagia sus plagios y los plagios de otros. El día de hoy me refiero a don Primo Feliciano Velázquez. El plagio que sigue cometido por Monroy Castillo fue debidamente denunciado por Astrolabio, aunque a poco de colgarse en su página desapareció con seguridad a cambio de una suma interesante. De manera que reproduzco aquella información.

Me voy a limitar al comienzo del texto de la esforzada historiadora, Independencia y revolución: una mirada a San Luis Potosí (2010) que dice así:

Los tumultos, levantamientos ocurridos entre mayo y octubre de 1767 en la ciudad de San Luis Potosí y pueblos de su jurisdicción, coinciden con los motines de Apatzingán, Uruapan, Pátzcuaro, Guanajuato, San Luis de la Paz y San Felipe y se les atribuye como causas el establecimiento del estanco del tabaco y la expulsión de los jesuitas. En el caso de San Luis es necesario añadir el descontento de los vecinos y mineros del cerro de San Pedro, a quienes habían dejado de reconocerles sus facultades y privilegios de mineros otorgados por las ordenanzas de minería. A ellos se aliaron, por los mismos motivos, los habitantes de San Nicolás del Armadillo, rancheros de la Soledad, Concepción y otros. […] La sedición se extendió desde San Felipe hasta Fresnillo, Bolaños, Venado, San Jerónimo de la Hedionda, Matehuala y Saltillo. (p. III)

Primo Feliciano Velázquez, en el capítulo LII de su Historia de San Luis Potosí, t. II, cuya primera edición es de 1946-1948, titulado «Los tumultos de 1767», el mismo subtítulo empleado por María Isabel Monroy Castillo, escribe:

A la distancia a que nos hallamos parece imposible descubrir el verdadero móvil y conocer a los iniciadores de los tumultos que ensangrentaron la ciudad de San Luis y pueblos de su jurisdicción, de mayo a octubre de 1767. Por haber coincidido en su periodo de efervescencia con motines en Apatzingán, Uruapan, Pátzcuaro, Guanajuato, San Luis de la Paz y San Felipe, es común atribuirles la misma causa, que suele apuntarse en el estanco del tabaco y en la expulsión de los jesuitas. (p. 245)

A su ejemplo y teniendo quejas que exponer, los vecinos y mineros del cerro de San Pedro, (p. 246)

Los serranos, como dieron en llamarlos, tuvieron luego por naturales aliados a los moradores del contorno, cuya causa era la misma: a los de San Nicolás del Armadillo, rancheros de la Soledad y Concepción y otros. (p. 247)

Se dijo que la sedición iba cundiéndose desde San Felipe hasta Fresnillo, Bolaños, Matehuala y el Saltillo. (p. 263)

El ejemplo representa el primer párrafo de lo que la autora denomina Monografía. Todo el texto es igual. Monografía. Independencia y revolución: una mirada a San Luis Potosí, en rigor debería titularse Copy-page de la Historia de San Luis Potosí de Primo Feliciano Velázquez. En descargo de Monroy Castillo, hay que señalar que el título es la única aportación original. El asunto es particularmente grave debido las implicaciones académicas y sociales. La falta no sólo agravia a don Primo Feliciano Velázquez, sino a la sociedad mexicana, además del consiguiente descrédito de la Academia.

En un texto anterior ya se comentó el despropósito que representa que María Isabel Monroy Castillo sea la cronista de San Luis, debido a una conducta personal contraria a la ejemplaridad que requiere el cargo. A esto se suma su condición de plagiaria contumaz que desautoriza lo que ha escrito como historiadora. San Luis debería retirar a Monroy Castillo el nombramiento de cronista que tanto desprestigia.