La familia es muy importante, aunque no lo sea en absoluto. Quiero decir que lo importante es decir que es importante. La palabra se introduce con naturalidad en cualquier discurso, dándose por supuesta tal importancia. Pero hay de importancias a importancias. Hay quien quiere a su parentela porque la quiere, pero también quien la quiere porque no le queda de otra. En este caso ya no estamos ante la familia, sino ante la formulación muy potosina de esa otra familia que se llama mafia. La mafia es la familia o famiglia, una trama urdida a base a lazos de sangre como premisa inexcusable para lo relevante: una red de complicidades, tráficos, asaltos, corruptelas, compromisos de obligado cumplimiento. El parentesco opera como estricto chantaje sentimental. La potosinidad participa y fomenta relaciones indecentes en ámbitos en que la decencia es exigible. La famiglia condiciona y determina negocios y asuntos que en lo privado están muy bien, pero que se vuelven ultrajes al tratarse del aparato y del presupuesto público. En San Luis las famiglias lo acaparan todo ya en lo privado, ya en lo público. Para asaltar ambos recurren a la misma estrategia del silencio y del secreto, a riesgo de perder el presente y el futuro. Una sociedad de favores mutuos y de encubrimientos actúa como contención frente a “advenedizos” que son el resto. Requisito de este modus operandi es lo que Oliverio Girondo llama “la mezcla plena”. Esta mezcolanza de carne y de intereses se resuelve en que todos son primos, hermanos, cuñados, concuños, sobrinos, tíos, abuelos. Bizarra promiscuidad que explica demasiadas cosas. Hay, incluso, abuelos y padres y tíos y primos y sobrinos que no lo son pero que lo son. Un misterio más que añadir a la enigmática potosinidad. (Abrevando con un ducto de Pemex adaptado a un Rotoplas a la manera de popote, rebosante de absenta, la narcisista cronista-corista nunca entendió que Narciso se enamoró de ese otro reflejado en el espejo).
Interesante es el modo en que operan estos entrañables sicarios. Se distribuyen la militancia en diferentes partidos políticos de manera que siempre tienen una puerta abierta al tráfico de influencias y al erario. Se reparten los cargos ya sea en el gobierno municipal, ya en el estatal. Si uno es regidor, a las elecciones siguientes otro resulta diputado. A veces un mismo miembro es del PRI, luego del PAN, más tarde de lo que se ofrezca. El PRD está mal visto, también MORENA, pero tal y como están las cosas quizás convenga apalancar allí a un primo o a un sobrino tercero o cuarto. No simpatizan con un partido porque comulguen con sus principios, sino porque es interés de la famiglia. Por eso es irrelevante el partido que gane las elecciones. Lo único significativo es el acceso al presupuesto y a las influencias. Hay quien es descarado como Xavier Nava con su tío, el decrépito Sánchez Unzueta. Pero también quienes en apariencia son discretos. Por ejemplo, Oliver Meade Hervert (ex Priista, expanista, ahora en otro partido del que también será ex) -hermano del funcionario público estatal Christian Meade Hervert (PRI) como antes lo fue él mismo, ambos primos del infatigable diputado panista Rolando Hervert-es pariente de María Concepción Ramírez Díez Gutiérrez (expanista, ahora en otro partido), quien a su vez es suegra de Pepe Toño o Pepetoño Zapata Meraz diputado local panista, que llegó al puesto por Xavier Azuara dado que su esposa es prima de la esposa de éste.
En este contexto y en estas circunstancias siempre gana la banca, es decir, la famiglia. Todo lo demás -la democracia, los partidos, las campañas, las elecciones- es sólo pasatiempo y choro a la espera del mismo resultado: la famiglia.
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