- El rector ha premiado a profesores acusados de acoso con años sabáticos, posgrados en Europa, publicación de libros y hasta vacaciones
La Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) vive una crisis de inseguridad y nula protección a sus alumnos bajo el mando del rector Alejandro Zermeño Guerra, quien, además, es señalado por encubrir y proteger a profesores acusados de acoso y hostigamiento sexual. En lugar de ser un espacio académico seguro, la institución se ha convertido en un refugio de impunidad donde los agresores reciben reconocimientos, jubilaciones y respaldo institucional.
Desde 2022, la universidad ha acumulado cientos de denuncias por violaciones a derechos humanos, una parte considerable de ellas relacionadas con violencia de género. Sin embargo, los procedimientos se diluyen en instancias internas como la Defensoría de los Derechos Universitarios, que estaba a cargo de Magdalena González, o de los Consejos Técnicos acaparados por el secretario general, Federico Garza, y la abogada general, Urenda Navarro, quienes archivan los casos para que los responsables sigan frente a los grupos, todo esto, a cambio de votos a modo para autorizar decisiones que convengan al propio rector y a sus allegados.
Ejemplos de denuncias por hostigamientos y acosos sexuales sobran: Daniel Gómez Zárate, profesor de Psicología, continuó dando clases pese a múltiples acusaciones, lo que incluso derivó en la toma de la facultad en 2023; José Francisco Martínez Licona, quien fue jubilado con honores a pesar de las denuncias por parte de sus alumnas que pesaban sobre él desde hace más de una década.
La lista de omisiones no termina ahí. En Ciencias Sociales y Humanidades, el académico Enrique Delgado López fue señalado por acoso laboral, pero aun así fue considerado aspirante a la dirección del plantel, en una muestra más del desdén institucional por las víctimas. Este año, las denuncias resurgieron en la Facultad de Derecho, donde alumnas denunciaron hostigamiento y discriminación a través de un tendedero, colocado en el marco del 8M, sin recibir respuesta de la rectoría, lo que tuvo que haber sido el foco rojo de lo que pasaría después.
Recientemente, dos casos más fue lo que, finalmente, sacudió a la administración del rector Zermeño Guerra, el primero fue la manifestación que se realizó en la Facultad de Economía tras darse a conocer que el profesor Cabrera habría abusado sexualmente de una estudiante, sin embargo, al momento no hay sanciones claras por parte de la universidad.
Esa misma semana, una joven, al interior de la Facultad de Derecho, habría sido violada por al menos tres estudiantes y un joven más externo, caso que ha derivado en una intensa movilización estudiantil para exigirle al rector, Alejandro Zermeño Guerra, justicia, mayor seguridad, mejorar protocolos y un sinfín de peticiones que llevan a que la Máxima Casa de Estudios de los potosinos esté pasando por uno de peores momentos en toda su historia.
A pesar de los reclamos y de la evidencia acumulada, Zermeño permanece en silencio, como si la gravedad de los hechos no lo tocara. La UASLP, que debería ser un ejemplo de ética y respeto, hoy es vista por muchos como una institución cómplice, donde la protección a los agresores pesa más que la justicia hacia las víctimas. Bajo la gestión de Alejandro Zermeño, la universidad ha dejado de ser un espacio de formación para convertirse en símbolo de impunidad.
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