- Lo que sí deja es un gran rezago de más de 400 iniciativas, escándalos de corrupción, despilfarros y lujos a cargo del dinero del pueblo
La LXII Legislatura del Congreso del San Luis Potosí se despide. Se van con más pena que gloria. Atrás no dejan ni papel para el baño, ni jabón, ni sanitizante, ni artículos de limpieza, a pesar que la higiene fue su bandera desde marzo de 2020, con el pretexto del covid quisieron desviar y usar a discreción millones de pesos.
Lo que si dejan es un gran rezago de más de 400 iniciativas, esto porque la mayor parte de los tres años de “trabajo” se la pasaron en grillas internas, peleando por el presupuesto y en sus intereses político-personales.
La legislatura del “cambio” y de la “paridad” en realidad no lo fue. No terminaron con los beneficios y privilegios que sus predecesores. No se bajaron el sueldo, al mes ganan 100 mil pesos. Tienen a su disposición vehículo oficial con gasolina incluida, celular, asesores, ayudantes, secretarias, mozos y hasta damas y damos de compañía, todo pagado con el dinero del pueblo.
Tampoco eliminaron el seguro médico de gastos mayores ni redujeron el aguinaldo de 90 días, privilegio de la costosa y rancia burocracia potosina, el pueblo llano sólo le pagan una semana como beneficio navideño, no más.
Respecto de la defensa real de los derechos e integridad de las mujeres, no hubo avance. Las legisladoras se enfrascaron en un pleito estéril y pueril. Eran dos bandos, las fifis y las populares, unas a otras se acusaron de ignorantes, corruptas y otras monerías. Pero no hicieron nada para terminar con los feminicidios, tampoco con los embarazos adolescentes, ni con la venta de niñas en la Huasteca, ese tema ni siquiera lo abordaron.
La LXII Legislatura se va y la única incógnita que deja es saber si fueron peor ellos o la LXI.
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