El Partido de Acción Nacional no es un partido político, sino una fiesta espiritual. Tras años con un padrón cancelado, rechazando a ciudadanos que querían afiliarse, de repente abrió sus puertas de par en par. Alguien pensaría que por fin la democracia había entrado aunque fuera como ladrón en la noche. Pero no fue el caso. El ladrón ya estaba, pero no necesita la noche para llevarse todo lo que encuentra. En cuanto a la democracia, todo indica que, fuera de que los simpatizantes puedan registrarse, sigue en manos de los de siempre. Es decir, una democracia que no es democracia o que algunos llaman democracia a lo que es patrimonio de los de siempre. Un vistazo rápido a los posibles candidatos de Acción Nacional hacia la gubernatura del 2021 arroja la siguiente nómina: Marco Antonio Gama, Sonia Mendoza y Octavio Pedroza. Todos ya se postularon hace seis años. A estos, habría que sumar a Xavier Azuara que más bien maquina en lo oscurito seguramente por las mismas razones por las que tuvo que exiliarse una temporada del Estado. Llama la atención que un tipo sospechoso no tenga pudor en postularse como candidato. Pero no debería extrañar en un partido en donde no existe el pudor. Si el PAN fuera verdaderamente democrático, Azuara ya no estaría en el partido. Tampoco Marko Cortés, ese estadista que construyó una avenida de cuatro carriles en una ranchería de Michoacán al que puso su nombre y que cuenta sus intervenciones por estupideces.
Marco Gama, con discreción y ambición, mueve las piezas en un tablero de ajedrez sin comprender que no hay partida sino guerra, y que los apaches sin previo aviso irrumpen para asolar lo que encuentran. Más avezada, Sonia Mendoza trata de forzar su candidatura a partir de la unión de diferentes fuerzas para presionar a la dirigencia, pero son tan disparatadas que la maniobra puede volverse payasada. Octavio Pedroza, hombre tranquilo, ha iniciado una novedosa precampaña que consiste en quedarse en su casa. Considera que con hablar con el vecino de la casa de enfrente o con el de la de al lado ya la ha hecho. Quizás no sea la más eficaz, pero no hay duda de que es la más original. No hay que descartar los manejos pueriles del pobrecito de Xavier Nava, ni que Alejandro Zapata sufra un arrebato, ni la ambición elegante de Mario Leal que, impulsado por el infatigable y efervescente Xavier Boestrly, quizás sea la opción idónea para el PAN, pero no para San Luis. Claro, volver a ver las mismas caras, oír las mismas voces, escuchar los mismos programas, regala esa experiencia inigualable del regreso al futuro de quienes no ceden ante su pasado. La primera consecuencia es que la democracia llegó al PAN para instalarse; la segunda es que volveremos a oír aquello de que la familia es muy importante; sí a la vida; la igualdad es un valor irrenunciable; tenemos que recuperar nuestros principios, extraviados inmediatamente después de cada elección. En fin, el choro habitual de una formación que siempre habla de la doctrina pero nadie sabe dónde está.
Acción Nacional no sólo necesita un discurso actual, sino ante todo que sea asumido plenamente por sus militantes y candidatos, pero sobre todo gente nueva, joven, formada, dispuesta a servir y no obligada a devolver favores. Excesivas condiciones para un partido que confunde doctrina con prehistoria, pasado con futuro, política con comercio.
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