A propósito del Día Internacional de la Mujer, y los manifiestos tanto a favor como en contra de las acciones en este sentido, quiero compartir una reflexión a partir de estos acontecimientos.
Mi posición es irrestrictamente personal, con la que podrían coincidir o no, algunas personas.
Las diversas marchas realizadas a lo largo y ancho del país y del mundo, responden a una situación desesperante y desesperada, es un grito de exigencia ante la sociedad, sus gobiernos y las entidades de justicia, que han demostrado ser ineficaces ante la problemática de violencia en torno a las niñas y mujeres.
Lo anterior no se nada nuevo, la sociedad en su conjunto ha delimitado las funciones de las mujeres y los hombres, relegándolas a ellas al espacio familiar y privado, y aquellas que han saltado a lo público fueron y siguen siendo criticadas y juzgadas.
Las mujeres se volvieron invisibles desde el lenguaje, las profesiones fueron para hombres, las amas de casa “no trabajaban” y eran mantenidas por su familia, las mujeres se consideraban mejores de edad durante toda su vida, pues si el padre de familia fallecía o faltaba, era el siguiente varón en la familia el que tomaba el mando o liderazgo.
Ellas han logrado saltar las barreras y meterse a todos los espacios que por derecho les corresponden, ahora las vemos en casi todas partes, ahora votan y pueden ser votadas, pueden ejercer casi todas las profesiones y oficios, salvo excepciones -en la iglesia católica aún no pueden ser sacerdotisas pero ya existe un movimiento al interior de esa institución que busca generar el cambio que lo permita-.
Pero en esa lucha que les ha costado y sigue costando muertes, aún no todo se ha hecho, el proceso para reconocerles cala en una sociedad machista “patriarcal” que las sigue limitando, y cala tanto que las mata, las asesina, las viola, las invisibiliza.
Ya hablaron, ya señalaron, ya denunciaron, ya marcharon y nadie les hizo caso, ahora han decidido realizar otras acciones, y la sociedad ha brincado y reaccionado, pero no para reconocer la violencia ejercida contra ellas, sino las acciones que hicieron para llamar la atención a este problema, volviéndolas a juzgar y señalarlas como culpables de vandalismo y más.
En esta ocasión, estoy de acuerdo con ellas, que quemen monumentos, que derriben muros, quemen banderas, pinten edificios históricos, que se ausenten un día para notar que algo importante falta, que si yo estuviera en su lugar haría lo mismo, por mi madre, mi hermana, nuestras hijas, sobrinas, primas, amigas, por todas las mujeres y en vida.
Prefiero una niña o una mujer viva, que mil monumentos dañados, un día sin ellas que toda la vida. Que los monumentos sean destruidos para que ellas vivan.
Mientras sigan siendo desaparecidas y asesinadas no habrá paz que viva y persista.
Que se note y duela su ausencia, que un día falten podría ser nada, pero es muchísimo cuando no se sabe si al otro día no regresarán, prefiero que no lleguen un día o una noche porque se la pasaron bien en una fiesta a que no lleguen jamás porque las mataron.
Las revoluciones son necesarias para despertar a una sociedad mediocre y petulante en sus instituciones, son las revoluciones las que generan cambios, la revolución ahora es y debe ser feminista, con ellas todo y sin ellas nada.
Nombremos sus desapariciones, violencia y asesinatos por su nombre: violencia de género y feminicida.
Nombremos a las mujeres por su nombre, por su vida, porque aquello que no se nombra no existe.
Las acompaño en silencio, porque el grito es de ellas, las acompaño desde atrás porque toda su vida este fue su lugar, es hora de reconocerles su papel en la historia, una historia que ha tenido héroes y pocas heroínas, este país es de mexicanos y también de mexicanas, aunque nos cueste reconocerlo.
Cambiar estructuras cuesta, cambiar pensamientos cuesta, construir proyectos cuesta, pero cuesta más la vida de una persona.
Mujeres y hombres merecemos una sociedad más justa, igualitaria, poseedora de derechos y ejercerlos, sin importar género, raza, origen o posición social, y esto se puede alcanzar luchando por alcanzar una sociedad feminista.
Mientras la sociedad sea injusta y desigual, mientras sigan sus desapariciones, mientras las niñas y mujeres sean mutiladas y asesinadas, que derriben uno y mil monumentos, que sean trueno para que puedan ser escuchadas, ellas se quieren vivas y yo también lo quiero.
Gracias por leerme.
Espero tus comentarios en mis redes sociales twitter @TeoBriceo Instagram @theobri y Facebook Teodoro Briceño de la Parra hasta pronto.
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