La tan anunciada unidad en Acción Nacional, panacea de todos los males del panismo potosino, fue, otra vez, el sueño utópico que no lograron conseguir.
Esta mañana se confirmó lo que desde hace días se sabía en mesas de grilla política: Sonia Mendoza renunció a la precandidatura del PAN a la gubernatura de San Luis Potosí y se sumó al no panista Xavier Nava Palacios.
Abanderada por Acción Nacional, Sonia Mendoza fue regidora en Matehuala, su ciudad natal, diputada local, diputada federa y hasta senadora de la República, cargos que le dejaron muy buenos dividendos que le hicieron olvidar la vida pueblerina del Altiplano potosino.
Sonia Mendoza asegura que es blanco violencia política de género, acusa a su líder estatal Juan Francisco Aguilar y hasta al líder nacional Marko Cortés de organizar una precampaña y una encuesta interna amañada, pero no presenta pruebas.
Contra viento y marea y contra los hombres del poder en Acción Nacional y en San Luis Potosí, en 2015 se convirtió en candidata a gobernadora. En ese entonces sí que fue víctima de violencia política de género, aún así aguantó y siguió tocando puertas, pidiendo el voto de los potosinos y consiguió 351 mil 352 sufragios que fueron insuficientes para convertirla en la primera gobernadora de la entidad.
La de 2015 sí fue guerra sucia. La discriminaron por su color de piel, por ser mujer, por ser esposa. La juzgaron por la campaña política, por la propaganda electoral, por beber alcohol. Incluso convencieron a su ex familia política de atacarla y publicar videos comprometedores de hacía quien sabe cuántos años.
La duda quedará en por qué no aguantó lo que ella consideró violencia política de género si ha superado cosas peores en el pasado.
El equipo de Sonia Mendoza soltó la versión de que ella es puntero en las encuestas y por eso decide retirarse. En 2015 era puntero y por eso se mantuvo, a pesar de todo.
Fuentes panistas revelaron, previo al inicio de la precampaña, que Sonia Mendoza estaba consciente de que no trailer al apoyo de la militancia ni el dinero, mucho menos el respaldo de los ciudadanos. Los 351 mil 352 votos los tiró a la basura luego de la derrota electoral.
En 2015 a Sonia Mendoza le quedó algo más que la derrota. La traición de varios militantes panistas, entre ellos el entonces senador Octavio Pedroza, al que acusó de traicionarla y apoyar al PRI.
La decisión de la aún diputada de declinar a favor del no panista Xavier Nava es un mero acto de venganza y en su discurso lo deja entrever.
La reacción del panismo potosino tal vez no lo calcularon ni Sonia Mendoza ni mucho menos Xavier Nava. En cascada, a través de redes sociales, llamadas telefónicas y mensajes de texto, todos han mostrado apoyo y respaldo al líder estatal del PAN, Juan Francisco Aguilar, y, por supuesto al líder nacional, Marko Cortes.
La dirigencia estatal ha exigido a Sonia Mendoza pruebas de lo que está diciendo. Que compruebe la violencia política que asegura sufrir. Al momento no ha habido respuesta de la aún panista.
Otra cosa que tampoco calcularon fue el apoyo en cascada a Octavio Pedroza. Uno a uno los funcionarios públicos y líderes panistas han comenzado a sumarse a Octavio.
En las mesas de grilla política se maneja ya la posibilidad de que Sonia Mendoza renuncie al PAN. Versión que se confirma al recordar que uno de sus hombres fuertes, Juan Pablo Escobar, había abandonado la militancia blanquiazul desde hace semanas. Pero eso será Sonia Mendoza quien lo decida.
Lo cierto es que la decisión de Sonia provocó la visibilización de dos bloques en la contienda interna: los panistas y los no panistas. En el primer bloque están Octavio Pedroza y Marco Gama, respaldados por el Comité Estatal y el grueso de la militancia blanquiazul.
En el segundo bloque quedó Xavier Nava y sus fifís, respaldado por Sonia Mendoza que, en este punto, se ignora qué respaldo de la militancia tiene.
Si Sonia Mendoza quiso provocar una avalancha al interior del PAN, la provocó, pero no fue a su favor.
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