La mañanera del pasado martes fue definitiva para los mercaderes de la libertad y de la igualdad, catalogados de inmediato como desechos de tienta que no ameritan indulgencia. La exhibición de los enjuagues económicos de Enrique Krauze (300 millones de pesos en doce años) y Héctor Aguilar Camín (140 millones en el mismo periodo) arroja la obscenidad de unos tipos que tasaron en almoneda lo que no se comercia. Desde hace décadas, ambos sujetos han asaltado el presupuesto público con cualquier excusa siempre con el mismo objeto. Ni siquiera se ruborizan cuando aleccionan desde una impostada autoridad moral de la que ayer fueron despojados. No fue la mejor manera, pero sí una manera. Su arrogancia habitual se conjuró en apenas dos minutos, la presunta aristocracia intelectual resultó baldón de pedigüeño, ignominia la petulancia. Krauze emitió un tuit el miércoles acusando a López Obrador de difamación. No recuerda las campañas orquestadas desde Letras Libres. La democracia que defiende el gurú de medio pelo es sólo autocomplacencia. Aguilar Camín no le va a la zaga, dirigiendo un buque fantasma, extraviado y errático, únicamente interesado en que opere como pretexto para recabar un financiamiento injustificado en todo caso. Pero no son sólo ellos. En el caso de Letras Libres, se aprecia una cofradía de bribones en donde destacan los siameses Cristopher Domínguez Michael-Guillermo Sheridan aupado sobre su exigua brevedad, uno-ambos confortablemente instalados al beneficiarse el primero-el mismo de cuotas de grupo; el segundo-el mismo, al disfrutar de una condición fraguada mediante el acoso, la amenaza y el hostigamiento que se tradujo en un destierro a modo debidamente financiado, cómo no, por los impuestos de los contribuyentes mexicanos y estadounidenses. Todo indica que al siniestro de las peras del olmo pronto se le acabarán la bicoca, las peras y el olmo. Algo semejante sucede con Nexos. Capitanea Aguilar Camín una tripulación en que Jorge Castañeda es contramaestre, Leo Zuckerman, timonel, y grumete, Javier Tello. Los mismos que participan en el programa Es la hora de opinar. Cobra entonces sentido el término pluralidad, entendido como las mismas opiniones de los mismos opinadores en los mismos espacios de opinión. Se echa en falta a la oportunista Soledad Loaeza. Cabe sospechar que sigue buscando a su madre. Seguramente hay algo de eso, pero resulta que colabora en La Jornada, panfleto que sólo se embolsó 250 millones de pesos en 2019 mientras predica desde sus páginas un comunismo de alcanfor. A la hora de vaciar las arcas del Estado no hay distinciones entre derecha e izquierda, algo que olvidó López Obrador y que tampoco comentó el periodista potosino de cuarta Julio Hernández previendo el conflicto que en su caso siempre genera la verdad a contrapelo de la pose. (La cronista-corista recuerda los montos que se embolsa por un desvergonzado plagio (son muchos) que titulado Breve es, sin embargo, de larga zancada, por lo que brinda con su Pantaleón, el pirata cojo con parche en el ojo y pata de palo, con un Chivas 16 ante la amenaza de lo inminente ¿postergado?).
La exhibición de Krauze y Aguilar Camín, plus respectivos conmilitones, se antoja decisiva. Muestra a unos grupos que han hecho de la simulación su instrumento preferente para atracar el erario, pepenar estatus, moralizar a costa de su inmoralidad y de su desprecio al ciudadano. No es justificable lo que han hecho. La democracia y la libertad son otra cosa, aunque no dejen de invocarla para sus atropellos y desmanes. Vividores de la palabra, no hay palabras para calificarlos. Volverán a hablar de libertad, igualdad, pluralidad, diversidad. La evidencia es la que es. No fueron pocos los años de vino y rosas, de abusos y tropelías. Por decoro, si algo les resta, deberían dedicarse a otra cosa.
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