Al concluir la LXI Legislatura y se iban para siempre personajes tan cuestionables como Tekmol, Desfassiux, Enrique Flores, Mariano Niño, Xitlálic Sánchez, Josefina Salazar, Rebeca Terán, Martha Orta, Ricardo García Melo, José Belmárez o Jesús Cardona, se decía en los pasillos del Congreso del Estado que esa había sido la peor legislatura en la historia del Poder Legislativo de San Luis Potosí. Sin embargo no faltó la voz que profetizara: la siguiente será peor.
Cuando quedó conformada la LXII Legislatura, personajes de la política potosina como Sonia Mendoza, Rubén Guajardo, Eugenio Govea, Emmanuel Ramos, Oscar Vera e incluso Cándido Ochoa, presagiaban tres años de un parlamento de nivel, con discusiones legislativas sin precedente y con la aprobación de leyes de avanzada. Nada más lejano a la realidad.
La trayectoria legislativa de esos personajes que los llevó incluso al Senado de la República y el Congreso de la Unión, quedó eclipsada con la ignorancia de sus compañeros.
En el transcurso de laos meses de trabajo, otros diputados han dado gratas sorpresas como Isabel González Tovar, Edgardo Hernández, Martín Juárez, Martha Barajas, Rolando Hervert e incluso Bety Benavente, que se sobrepuso a su mala fama cuestionando la estrategia de seguridad del gobernador Juan Manuel Carreras, pero ni así se salva la Legislatura.
Sería injusto soltar la típica frase “todos son iguales” pero escándalos tan vulgares como los del Mijis y sus inventos de atentados, conseguir trabajo a familiares y amigos e incluso vender el voto a cambio de pintura, pesan mucho.
También pesa que Mario Larraga, acusado de acoso sexual, escuche la sesión ordinaria desde la comodidad de su cama, acostado sobre su almohada. No se puede decir que legislaba desde la cama, por que desconoce el significado de la palabra.
La lipo que se hizo Angélica Mendoza y la arregladita que se dio Rosa Zúñiga, junto a la falta de propuestas y trabajo, pesan mucho e la opinión pública.
Los diputados, incluyendo los colmilludos, han simulado el trabajo con exhortos que pocos escuchan y menos acatan.
De pena ajena es ver las transmisiones en vivo del Congreso del Estado y ver a Mario Lárraga acostado en su cama y al Mijis en su camioneta.
Pésima imagen es el pleito por avalar o no ocurrencias. De mal gusto es observar cómo los rostros de Marite y Consuelo se deforman ante la negativa de votar a favor de ocurrencias que en nada, absolutamente en nada mejoran la vida de los potosinos.
Peor fue presenciar el pleito pueril entre Eugenio Govea y Edgardo Hernández.
De esta legislatura ya no se espera nada, si a caso más vergüenzas y más llamadas a misa. Trabajo legislativo, NO.
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