La hermandad secreta somete con cálidas horcas caudinas, subyuga con abrazos, avasalla con palmaditas en la espalda. La imaginación popular la nutre de liturgias luciferinas y rituales sombríos. No está exenta de morbosidad. En realidad es más prosaica pero igualmente perniciosa. A espaldas de la sociedad conspira contra ella. Quien abdica de su libertad en favor de un interés económico y profesional carece de presente y de futuro a la espera de que otros le tracen el camino. Una sociedad dentro de la sociedad pero en su margen o en su centro, obsesionada con manejar el entramado social, político y económico. Con excepciones, en la actualidad integran la masonería individuos mediocres e incompetentes, inútiles e ineptos, que no encuentran mejor manera de hacerse con un lugar en la vida que mediante el tráfico de influencias y favores mutuos. Algo los distingue en su disposición, ese servilismo que no es sino consecuencia de haber prescindido del valor decisivo de la libertad. Los masones tienen pavor a la libertad. Incapaces de entenderla, optan por hacerla a un lado con la promesa siempre cumplida de mejorar su estatus económico y social.
Sólo así se explica que Juan Carlos Machinena sea el director del Instituto Nacional de Antropología e Historia de San Luis Potosí. No hay otra explicación que unas relaciones administradas en la hermandad. Las cualidades que en apariencia deberían revestir al titular del INAH son de las que carece. Su pasado profesional algo tiene de turbio y velado, en ocasiones vinculado al ejercicio de prestanombres. Al parecer ha hecho una fortuna nada desdeñable cobrando, vía un familiar cercano que ha servido de testaferro, el 30% del presupuesto de festivales y programas sociales al servicio de administraciones pasadas. Estos adornos, apenas anécdotas en una carrera extravagante, por momentos inverosímil, han estado acompañados de escándalos convenientemente acallados, mezclando jovencitos y jovencitas, que exhiben la devoción cinegética del cazador furtivo. Con estos antecedentes, todavía se antoja más bizarro un nombramiento improbable. Pero Machinena es un hombre de recursos, interesado en la política federal y estatal. Encabeza un movimiento derivado del PRI cuyos propósitos son tan vagos como su propio pasado. Todo indica que se trata del asalto al poder, sin otro propósito que seguir engordando cuentas corrientes, amigos y amigas, fiestas y francachelas. (La cronista corista, sosteniendo un enorme vaso servido de Ballantines 12 años, acepta resignada que le causara repugnancia a la hermana Ishpriya, su guía espiritual, a la que visitaba con presupuesto público en su casa de Austria y aprovechaba para ver a algún amigo).
Machinena representa qué es la masonería o lo que es en la actualidad: una red de complicidades, encubrimientos, influencias, al servicio de unos pocos o unos muchos, de la que todos se benefician. Puesto que la carrera dentro de la hermandad es cuestión de tiempo, paciencia y perseverancia, con seguridad el flamante director del INAH SLP ocupa un lugar destacado. Ese mismo espacio que le permite rodearse de un grupo servil a la espera de esa limosna que inevitablemente recibirá de acuerdo con el modus operandi de la sociedad secreta que prefiere llamarse discreta o secretamente discreta o discretamente secreta. No parece que Machinena sea especialmente ejemplar, pero sin duda es modelo para esos aspirantes y compañeros a la espera de convertirse en maestros de la deslumbrante tiniebla.
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