- La variedad estuvo a cargo de un “payaso” que con vulgaridades se burló, ofendió, denigró y humilló a los colaboradores de los diputados
Justo cuando se pensaba que se había visto todo, que los diputados ya habían caído lo más bajo posible y que nada podía ser peor, se llegó la temporada navideña y con ella la organización de la posada a los trabajadores del Poder Legislativo que resultó grotesca, humillante, denigrante, con la complicidad y burla de los diputados, literalmente se mandó a “chingar a su madre” a los colaboradores.
El pasado viernes 10 de diciembre los diputados de la LXIII Legislatura organizaron una posada para festejar a los empleados y colaboradores por la labor que hace día a día. Secretarias y asesores no sólo atienden caprichos de los diputados, muchas de las veces incluso les salvan la imagen y hasta la carrera política por las barbaridades que hacen en tribuna y fuera de ella. Por lo que el festejo navideño, además de ser una tradición, es merecido.

La cita fue en el Centro de Convenciones. Todo estaba a la altura. Decoración, mesas, sillas, adornos, vajillas, cristalería, pantallas, luces, sonido, todo de primer nivel. No así la comida que midieron las porciones con regla milimétrica y apenas alcanzó para media papa por plato, una raquítica porción de carne, de postre un sorbete de algo adornado con media fresa. No alcanzó para verduras y frutas enteras.
Pero lo peor no fue que secretarias y asesores acostumbrados al buen comer y al buen beber se quedaron con hambre, sino lo que estaba por venir.

Para amenizar la tarde algún descabezado contrató a un “payaso” al que se le pagó, según su cuenta de Facebok, 5 mil pesos la hora, por burlarse, humillar, insultar, denigrar, ofender y mandar a “chingar a su madre” a los presentes.
El “payaso” preguntó si querían un show para adultos y los diputados dijeron que sí. La dinámica consistió en que el vulgar entretenedor repartía los regalos navideños a los trabajadores mientras hacía dinámicas de juegos con ellos.

Se podría decir que “agarró parejo”, pero no es verdad. A Yolanda Cepeda le dijo que era una diosa, bella, hermosa, voluptuosa y voluminosa, claro, firmó el cheque. También aduló a otros diputados, el contralor, el contador y al administrador. Al resto los humilló.
Para que los trabajadores tuvieran derecho a ganar el regalo, el payaso los hizo concursar, les dijo de todo, gordas, flacas, nalgonas, chichones, culonas, pelonas, viejas, feos, muertos, a los ganadores les dio el premio y a los perdedores los mandaba a “chingar a su madre”, literal.

Diputadas guardaron el feminismo en los bolsos Louis Vuitton, Gucci, Prada, Balenciaga, Fendi y otras marcas. Como niñas se burlaron de las humillaciones que sufrieron las colaboradoras. Nadie, absolutamente nadie le puso un alto al payaso.
La defensa del grotesco show fue que “había muy buenos regalos” como si los salarios de hasta 50 mil pesos al mes no les permitieran comprarse ellos mismos una vajilla de 500 pesos en Costco o una televisión plasma de última generación.

Los diputados rieron hasta el cansancio a costilla de los trabajadores que día a día no sólo les sirven el café, los pulen, guían y encaminan para hacer un trabajo medianamente aceptable en el Poder Legislativo.
Nadie le puso un alto. Nadie se levantó y pidió respeto para las mujeres, para los adultos mayores, para los enfermos. Nadie detuvo al payaso. Nadie se acordó del feminismo y la defensa de los derechos humanos. Todos rieron y rieron y rieron y rieron a costillas de los trabajadores.

Terriblemente el payaso en cuestión es cliente predilecto de los municipios huastecos donde seguramente se burla y humilla hasta el cansancio de los indígenas potosinos, esto tomando en cuenta el nivel de espectáculo que ofreció a los trabajadores del Legislativo. Y lo peor, todavía le pagaron y muy bien…
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