El planeta, sin programarlo, está dando un respiro, nos ha obligado como seres humanos a repensarnos desde nuestra fragilidad, y fue un virus, un simple virus de tipo gripal que nos dio un “estate quieto”.
Un simple virus con efectos catastróficos, que pega principalmente a la salud, pero trastocó de una forma increíble todas las actividades humanas; la economía, la educación, el contacto social, la forma de convivir, las expresiones culturales la religión, el uso de las tecnologías, en fin.
El planeta lo necesitaba, no nosotros como seres humanos, el planeta hizo lo que muchos gobiernos no pudieron, meternos a nuestras casas, la fragilidad humana se vio expuesta, ciertamente se crearán vacunas para contrarrestarla, pero el planeta, nuestra casa mayor se toma un momento y se fortalece.
Si no convivíamos con la familia, este fue un momento obligado para hacerlo, con sus golpes, con sus emociones, con el pago de penitencias por errores del pasado y del presente, y para conocer que desde nuestros propios espacios se pueden hacer muchas cosas.
Quedarse en casa es necesario, pero lamentablemente no todas las personas o familias pueden hacerlo, menos en nuestro país, que muchas y muchos necesitan salir para tener algo que comer.
Las personas que podamos quedarnos en casa hay que hacerlo, y en la medida de nuestras posibilidades ayudar al mercado local, pensando en aquellas personas que ofrecen sus productos para subsistir en su dura cotidianidad.
¿Podremos mirar acaso, a nuestros vecinos, a los y las pequeñas comerciantes que con lo poco o mucho que ofrecen pueden subsistir?
¿Qué cara le podemos poner a esta temible pandemia por el COVID-19 / Coronavirus? La mejor, con el semblante de que como seres humanos podremos salir adelante, pero reconocer que la naturaleza cobra facturas, y hará lo necesario para hacernos reflexionar acerca de nuestro entorno y los resultados de las malas prácticas que han afectado a nuestro planeta.
Se lamentan mucho las pérdidas humanas, la sorpresa de la muerte en muchas de las familias alrededor del mundo, el querer llorar y hacerlo sin tener el calor de un abrazo o el apoyo de la familia en un hecho terrible como la muerte.
Las lecciones que nos da la naturaleza son fuertes, y tenemos que aprender de ellas, no tenemos opción.
Es el momento de fortalecernos en nuestros espacios y en nuestro interior, reflexionar sobre nuestras acciones, si lo que hacemos está bien o mal, si tenemos la capacidad de ser personas responsables aún en la distancia.
Las prácticas cotidianas a partir de este momento en la historia de la humanidad van a cambiar, las reuniones multitudinarias poco a poco se generarán bajo otras condiciones, ya fue la influenza H1N1, ahora el COVID-19, mañana será otra cosa, pero necesitamos aprender a vivir bajo estas nuevas condiciones, la naturaleza lo impone.
Se perderá mucho, se dirá mucho de nuestro actuar, de nuestra responsabilidad, de nuestra terquedad para seguir recomendaciones, de visibilizar los distintos tipos de violencia al interior de los hogares. Es increíble el número de víctimas que se están dando a conocer por parte de las instancias encargadas de procurar justicia y asistir a las víctimas, sobre todo en condición de violencia de género.
Si no has pensado en tu salud, es momento de hacer una dieta lo más adecuada posible de acuerdo a tus necesidades, realizar ejercicios en casa, en internet existen muchas recomendaciones porque tiempo tenemos; libros pendientes, es momento de sacarlos, desempolvarlos y leerlos, platicar con la familia, acomodar la casa, acomodar nuestras emociones.
#QuédateEnCasa y apoya en la medida de lo posible a quien así lo necesite, nos necesitamos todas y todos. Mantenga su sana distancia.
Espero sus comentarios en mis redes sociales twitter @TeoBriceo Instagram @theobri y Facebook Teodoro Briceño de la Parra, hasta pronto.
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