- El examen de admisión de la UASLP es una simulación y un abuso a la economía de miles de padres de familia. Está basado de la meritocracia, como si todos los aspirantes hubieran estudiado bajo mismas condiciones sociales y educativas
Una música de jazz suena de fondo en la rectoría, cuyas paredes de madera despiden un olor a viejo.
Hasta la mesa de reunión le hacen llegar un té verde a Alejandro Zermeño Guerra, quien, complacido, revisa el reporte financiero de 25 millones de pesos que más de 17 mil aspirantes a la Universidad que dirige pagaron por el examen de admisión a una carrera universitaria.
Zermeño Guerra bebe su jugo, se limpia el bigote con su pañuelo y se complace del negocio que acaba de hacer: gracias al mecanismo de ingreso por meritocracia ha podido sacarle del bolsillo mil 200 pesos a cada padre o madre de familia sin tener la obligación de aceptar a todos los aspirantes.
Su regocijo es mayor al saberse sin la obligación de analizar que el examen de admisión a la UASLP solo permitirá el acceso a estudiantes de escuelas con mayores ventajas educativas y condiciones sociales.
“Take Five” suena en su Alexa. Si fumara, Zermeño Guerra encendería su pipa mientras recibe a su séquito de colaboradores -solo dos o tres que tienen acceso a él y por cierto los más ineptos- que le han informado que el segundo día de la aplicación del examen ha ocurrido “sin novedad”: ¡25 millones de pesos de una sentada!
Zermeño Guerra se asoma a la Plaza de Los Fundadores y agradece la ignorancia del pueblo.
Bebe su té verde y mira al cielo, da las gracias por la ignorancia de los padres de familia y de sus hijos, quienes desconocen que el método de selección a la UASLP es inequitativo, un “filtro social”, una simulación en la que hay sillas y el mismo examen para todos y todas, a sabiendas que no todos los que se sientan a responder las hojas que les fueron dadas poseen las mismas condiciones y recibieron una educación igualitaria para competir bajo el esquema de la meritocracia.
Zermeño Guerra sabe bien esta situación, pero deja que todo mundo pague mil 200 pesos por el proceso de admisión. Este año fueron 16 mil 400 y, cínico, anuncia que sólo admitirá a 7 mil.
Sabe también que es un abuso sistemático, pues cada año, la UASLP les quita dinero a miles de estudiantes, la mayoría en condiciones menos favorables y solo aceptará al 46 por ciento de ellos, en su mayoría provenientes de escuelas que ofrecen mejores condiciones educativas.
Aunque la Constitución indique la obligatoriedad de la educación superior corresponde al Estado, también indica que son las instituciones las que imponen los requisitos de ingreso, y es aquí donde la UASLP, con todos los rectores que ha tenido, impone su negocio y su excluyente método de ingreso.
Si la Máxima Casa de Estudios fuera equitativa, no existiría una “Universidad Indígena”, como la que fue creada en 2011 por el Gobierno de Fernando Toranzo, puesto que todas y todos los potosinos tendrían la misma oportunidad de ingresar a las carreras de la UASLP, pero esto no es así.
Los aspirantes de grupos minoritarios no tienen la misma posibilidad que aquellos que provienen de escuelas de alto nivel y cuyos padres ven en la UASLP la manera de dejar de pagar las altas cuotas que han dado a la educación de sus hijos desde el preescolar en colegios particulares.
Hay escuelas preparatorias en San Luis Potosí sin servicios básicos. Hay Casas de Estudios auto gestionadas por grupos minoritarios como las “José Martí”; hay preparatorias por cooperativas que con sobrecupo y hay preparatorias de paga donde la educación que se brinda tiene un mayor nivel que todas las enunciadas anteriormente.
Zermeño Guerra termina su té verde, ordena a su asistente guardar el reporte financiero y, junto a su séquito y todo su Consejo Directivo, finge que el proceso de admisión es “justo”.
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