La polémica entre los llamados a sí mismos intelectuales y Andrés Manuel López Obrador merece algunas consideraciones. La razón asiste a ambos, pero en absoluto toda la razón. Defienden los primeros una libertad de expresión que supuestamente está amenazada. Denuncia el segundo el supuesto abuso al que aquellos sometieron al erario durante décadas. Si se revisa la nómina de los firmantes del desplegado se advierte que muchos nombres no se corresponden con el encabezado: “intelectuales, científicos, periodistas”. (La cronista-corista sumergida en un pozal de negroni se lamenta de que no hayan registrado también el de cocottes al que se ajusta como anillo al dedo). Todo indica que buscaron el número de firmas antes que adecuarse con rigor al aviso. Pero todos de una u otra manera han tenido vínculos con Nexos y Letras Libres. Puede conjeturarse que el desplegado fue promovido por Enrique Krauze y Héctor Aguilar Camín. Esta observación no demerita la carta, pero cuestiona las intenciones. Todo indica que se sirven de la libertad de expresión para otra cosa. Tampoco le falta razón a López Obrador cuando expone los privilegios que grupos y medios de información recibieron de gobiernos anteriores, pero falta a la verdad cuando afirma que ese trato de favor ha terminado, basta pensar en La Jornada que en un año ingresó la mitad de lo que las otras revistas juntas recibieron en diez años. Al uso patrimonial de la libertad de expresión se oponen las medias verdades del presidente.
Con todo, ambos hablan de libertad de expresión pero no buscando el diálogo, sino procurando imponer su razón. No es una conversación sino un soliloquio, no interesa el entendimiento sino la confrontación. Ambos, además, pasan de puntillas sobre el tema medular, la independencia económica de los medios de comunicación. El hecho de que una sociedad tenga muchos medios de información no implica que tenga libertad de expresión, ni que sean plurales, ni siquiera diversos. El caso de México es paradigmático. Hay empresarios que crean su propio medio, asegurando el financiamiento público, para operar a favor de sus intereses. En estas ocasiones la información no es relevante puesto que se somete a circunstancias personales o de grupo. La presencia de estos medios en el panorama de la información no es ni siquiera adjetiva. Su desaparición no afecta en absoluto a la libertad de expresión. Caso distinto es el medio que prescinde de financiación pública para centrarse en la información. Su existencia ya no depende de instancias oficiales sino del escrutinio público. Estos medios aportan y mejoran la libertad de expresión a pesar, incluso, de su efímera existencia.
Los grupos firmantes del desplegado se justifican al reivindicar que también criticaron a los gobiernos anteriores. Una cosa es criticar y otra asumir una actitud crítica. Se amparan argumentando la legalidad de su financiamiento. No está en duda, sólo que el sentido común y la probidad indican otra cosa. Las contradicciones de López Obrador tampoco son menores. Vende la retirada de financiamiento a estas revistas, pero no declara las cantidades que reciben medios afines que incurren en los mismos abusos que los anteriores. Todos sin excepción apelan a la libertad de expresión, ninguno en realidad tiene el menor interés en la libertad de expresión. El tema reside en la independencia económica de los medios de información, un tema que no interesa a nadie con excepción de la libertad de expresión.
Expande el vuelo:
Descubre más desde vuelomagazine.com.mx
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


