«Hay personas que prefieren elegir o descartar a personas por el adjetivo. Estas personas no tienen un corazón humano”: Papa Francisco.
En San Luis Potosí a los políticos gays prefieren verlos muertos que felices. Suena duro, pero es la verdad. Con el pretexto de denunciar presunto influyentismo del delegado Gabino Morales, en redes sociales y en grupos de whatsapp de priistas y panistas circula una “noticia” titulada “Superdelegado pone a “novio” como regidor”, en la que el fondo es cuestionar las preferencias sexuales de ambos personajes con una fuerte carga homofóbica incluida.
A finales de julio pasado Armando Navarro tomó protesta como regidor de MORENA en el Ayuntamiento de la capital. Desde el primer momento comenzó el cuchicheo homofóbico, pero como ser gay no es un delito, los vigilantes de la “moral y las buenas costumbres” no encontraban la manera de hacer escarnio público. Fue hasta que lo vincularon sentimentalmente con el superdelegado Gabino Morales que se les ocurrió acusarlos de influyentismo.
Mientras que el pueblo potosino dejó de escandalizarse por la vida sexual y amorosa de las personas, los políticos, que viven en una burbuja de irrealidad, siguen con esa añeja costumbre de meterse en las camas ajenas.
En el circulo político potosino hay muchos homosexuales y lesbianas, pero pocos se atreven a salir del closet y asumir sus preferencias con valentía. Algunos prefieren huir del país para tener “libertad”; otros optan por una doble vida, casarse y tener hijos; otros buscan en el anonimato de las redes sociales la compañía efímera que, terriblemente, puede tener consecuencias mortales para el que no se atreve a vivir el amor libremente, como ya lo vimos a principios de este 2020.
Los políticos heterosexuales presumen amantes a los que incluso basifican en sindicatos de gobierno, les consiguen puestos de primer nivel en alguna dependencia pública e incluso los y las convierten en diputados, pero eso nadie lo cuestiona.
Si un regidor y un delegado se gustan y quieren estar juntos, ¿por qué habrían de detenerse?
«Si una persona es gay y busca a Dios y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgar?”, declaró en 2013 el papa Francisco.
En San Luis Potosí políticos y periodistas se creen con la moral suficiente para cuestionar las preferencias sexuales de las personas, a tal grado de publicarlo, hacer escarnio y discriminar por homofobia a las personas, lo que sí es un delito.
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