Tomada hace un año, la instantánea no miente: acomodado en una chasse-longe, el retratado extravía su aburguesado mentón en el prominente abdomen. Finos lentes ahumados resguardan unos ojos escabrosos, como si el protagonismo del anodino semblante se relegara por completo a un bigote esmeradamente cuidado, quizás nostálgico de templos hindús, quizás discreto simbolismo fálico que, en cualquier caso, no deja de perturbar o esa parece su intención. Los lentes se antojan contención ante el fraude. Remata con un sombrero que, sin ser propiamente elegante, subraya aún más la enigmática y estudiada apostura. Un letrero en filigrana avisa al curioso: Pintor, Poeta, Académico, Diplomático. La invitación no exagera: retrospectiva de Tomás Calvillo Unna, artista conceptual potosino, casi siempre incomprendido menos cuando atraca al prójimo.
Reparemos en este remedo de Andy Warhol por un momento. La retrospectiva promocionada a bombo y platillo, en realidad reunía los cuadros manufacturados el fin de semana anterior. Hoy en día la genialidad está devaluada, pero Calvillo, incansable, se impone. Quizás sea excesivo llamar pintura a lo que colgaba de las paredes de la sala de exposición. Más oportuno resultaría nombrarlas manchas o no manches. Una ojeada inadvertida descubre que varias manos intervinieron en la ejecución de las no manches. Sin embargo, las telas exhiben en exclusiva la firma del circunspecto artista. Las no manches, en realidad, son plastas garabateadas en que predomina la brocha gorda, reinventando la action paiting de Pollock en lo que podría calificarse nomames painting. La aportación no es baladí, pero se antoja más interesante conjeturar la identidad del colaborador o de los colaboradores de las preciadas Masters Works.
Dado el celo con que el genial pintor resguarda su taller de artista, lo más probable es que el anónimo pertenezca a su círculo doméstico: acaso el jardinero, quizás el chofer, acaso su chofer-jardinero, quizás la cocinera, acaso la cronista-corista. Pero por los trazos displicentes y enajenados, con seguridad es masculino. ¿Su nombre? En atención al temperamento visionario del genio, posiblemente bíblico. Por ejemplo David, dado el gusto del artista por el otro David encargado de las fotocopias y del tapete. Otra interrogante más irrumpe: ¿utilizó el anónimo los colores del genio o le obligó a adquirir los propios? Teniendo en cuenta la codera del artista y que la genialidad no se regala, hay que concluir que el anónimo debió comprar sus propias pinturas. El resultado está a la vista. Las no manches son obras de dos o tres (el genio y achichincles), que no encontraron mejor manera de pasar un fin de semana, y que por la premura de la retrospectiva recurrieron a ese hallazgo que es la nomames painting. Hay un inconveniente. Si por casualidad alguien compró una de estas Oeuvres clés, lo más probable es que haya adquirido la del chofer-jardinero con todo y la pintura a costa de su bolsillo.
La Secretaría de Cultura del Estado organizó hace diez meses con su criterio habitual y con recursos públicos una muestra de las no manches de Calvillo Unna, tocado con sombrero y lentes, bebiéndose todo lo que pasaba por delante en copa, vaso, pozal o a gollete. Porfiado, al artista no se le ocurrió otra cosa que trasladar sus no manches a base de nomames paiting en compañía de la cronista-corista a Guadalajara a costa del erario. El genio exige siempre esa responsabilidad en que no es menor llamar a los demás imbéciles.
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