Ayer por primera vez en la historia del Poder Legislativo de San Luis Potosí se realizó la 60 sesión ordinaria de la LXII Legislatura, a través de internet. Calificarla de accidentada sería lo menos.
El personal del Congreso hizo milagros con el obsoleto equipo tecnológico con que cuentan. Los diputados y sus recomendados privilegian el pago de favores políticos, el compadrazgo, amiguísimo y la colocación de personal en puestos bien remunerados en vez de equipar correctamente al Poder Legislativo.
En el Congreso del Estado no hay siquiera buena señal de internet, tampoco cuentan con buen audio, ni bocinas, ni micrófonos y todo quedó evidenciado en la histórica sesión online.
Los 27 diputados se interrumpían unos con otros, se les iba la señal, se les iba el audio. Se escuchaba el cuchareo del desayuno que comían mientras trabajaban, se escuchaban las órdenes que daban a las muchachas, niños corriendo y jugando.
Fuera de eso, se evidenció además el descontrol. Fúrica, Sonia Mendoza explicó y reexplicó al presidente de la Mesa Directiva, Martín Juárez, le protocolo a seguir para la votación, no la fueran a regar otra vez y ya llevaban tres al hilo, una cuarta y se verían muy mal.
Enfundado en guantes negros, Martín Juárez trataba de mantener el orden, trataba de que la sesión tuviera cierta decencia, nada comparado con las clases escolares en la que los maestros han logrado que los niños participen uno a la vez, respetando su turno y totalmente educados.
En asuntos generales la diputada por el PRD, María Isabel González Tovar, tal vez en tono de broma, dijo que la habían hackeado, otro le respondió, tal vez más en burla, que se había caído el sistema, esto porque no se escuchó su participación. Lo cierto es que el equipo tecnológico es tan malo que hasta las videollamadas de whatsapp tienen mejor calidad.
El tema de la sesión, otra vez, fue el coronavirus. Las ideas para ser populares sobra, y resulta que el dinero también. Los diputados rascan y rascan a ver de dónde sacan más dinero para que el pueblo los vea bonito.
Rubén Guajardo presumió, cual “mayestro” cómo le hizo para descubrir 17 millones de pesos que estaban ahí, escondidos en el CEEPAC, y que ahora, gracias a él, serán para el coronavirus.
Impresionó lo poco que se pudo apreciar del rancho, en la Huasteca, de la priista Charo Sánchez, hasta pilares de cantera tiene. El panista Pepe Toño anda de vacaciones en un hotel de bambú, seguro de su suegra y seguro también está en la Huasteca. Sonia presumió la sala de su casa en el Pedregal, lo mismo que Cándido con ventanales de su casa de las Lomas.
La mayoría optó por sus oficinas, los menos por el comedor de su casa como Edson Quintanar, quien al final de la sesión desapareció porque su mamá ya tenía listo el desayuno, ni adiós dijo.
Por lo demás, la sesión pasó sin pena ni gloria. Nadie habló de que los potosinos tienen hambre. Nadie mencionó las manifestaciones que se vuelven más constantes y más multitudinarias para exigir que los dejen trabajar. Nadie habló de la crisis económica por la que atraviesan miles de hogares en San Luis Potosí. Ellos sólo quieren ser populares y el tema del coronavirus les cae como anillo al dedo.
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