Desde su rancho en Axtla de Terrazas, la priista Charo Sánchez propuso, en la primera sesión online del Congreso, un exhorto dirigido a la Auditoría Superior de la Federación y la Auditoría Superior del Estado, para que idearan una estrategia, para lo cual no tienen atribuciones legales, para desviar recursos de los ramos 28 y 33, a fin de ocuparlos en el coronavirus, aunque no especificó en qué.
En un arranque de prudencia sus compañeros diputados, encabezados por Sonia Mendoza, le hicieron ver a la priista que lo que proponía no se podía, pues el recursos viene etiquetado para obras en especifico y desviarlo sería una violación legal.
Varios se sumaron a la negativa de Sonia Mendoza para evitar enviar un exhorto a las auditorías, siendo que ellas no tienen las facultades para asignar el uso del recurso, sólo vigilan que se haya empleado correctamente.
Finalmente convencieron a Charo de que su exhorto era un despropósito y lo envió a la Comisión de Vigilancia donde dormirá el sueño eterno.
La lógica con la que rechazaron el exhorto de Charo Sánchez se aplicaba también al exhorto que sí le aprobaron a Bety Benavente. La también priista propuso desviar una parte de los recursos del ramo 33 para el coronavirus.
Nuevamente el mismo dilema, pero a ella sí se lo aprobaron, lo que dio pie a la polémica y el embrollo que por más que se esfuerza no puede terminar de aclarar lo que quiso decir con lo que dijo o lo que no dijo.
En busca de popularidad, los diputados potosinos proponen, exhortan, modifican, y crean leyes, sin embargo, llevan tres exhibidas al hilo de que, como dijo Oscar Vera “no leen”.
De pena ajena después tener que aclarar lo que sus asesores VIP no pudieron hacer correctamente y los deja muy mal parados.
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