Luego de que el pasado 15 de enero entró en vigor el incremento a la tarifa del transporte público, los camioneros decidieron despacharse con la cuchara grande y a pesar que oficialmente el costo por pasaje cuesta 10 pesos con 10 centavos, a la brava están cobrando 10.50, en el mejor de los casos, porque con el pretexto de que no tienen cambio, en algunas ocasiones cobran hasta 11 pesos.
Los potosinos pasaron de pagar 9 pesos con 80 centavos a 10 pesos con 50 centavos o incluso 11 pesos por un servicio que cada vez es más deficiente.
El servicio que brindan tanto los concesionarios como los choferes del transporte público en San Luis Potosí es cada vez más deficiente, pues a pesar de que cada año se comprometen en resolver los problemas y mejorar, esto no ocurre.
Camiones sucios, choferes groseros, desaseados e incluso borrachos o drogaos son la constante que enfrentan los usuarios del transporte público, mientras que automovilistas padecen la forma tan peligrosa de conducir de los urbanos.
Lamentablemente nadie tiene intenciones de mejorar el servicio, ni los choferes preocupados en llevar el pan de cada día a sus familias, ni los concesionarios, preocupados en enriquecerse a costa de los trabajadores y los usuarios potosinos, ni la SCT, cuyos inspectores se conforman con cobrar la respectiva cuota mensual y lo demás no les interesa.
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