Por Elan Montalvo
Perder, en 2015, la elección por la alcaldía capitalina fue lo mejor que le pudo pasar a Xavier Azuara. El panista huasteco supo capitalizar la derrota, se reinventó y se hizo con el poder de su partido. Hasta ahora.
La jugada no le salió nada bien a Azuara. La estrategia de apostar a dos competidores, que le resultó en múltiples elecciones hoy parece que le dará los mismos resultados. En 2015 apostó a Sonia Mendoza, pero le apostó más a Juan Manuel Carreras; en 2018 le apostó a Octavio Pedroza, pero le apostó más a Mónica Rangel, al final ninguno de los dos ganó; para el 2024 la apuesta a Santiago Creel y a Xóchitl Gálvez ya le cobró la primera factura.
Azuara dividió su equipo para que, en dos bandos, buscaran apoyo ciudadano a Santiago Creel y a Xóchitl Gálvez. El ex secretario de Gobernación no despega y el huasteco, en busca de apoyo extra, dio indicaciones para que le metieran todo el power a favor de Santiago. El resultado fue la división.
La primera en brincar fue Verónica Rodríguez, quien filtró la separación de su mentor, guía, gurú y hombre que la llevó al poder. Ahora la lideresa tomará sus propias decisiones. Carga con la pérdida de figuras relevantes para el panismo potosino y el sinnúmero de enemistades que se echó a la bolsa por puro gusto.
Con el divorcio entre Vero y Azuara, la situación para el aún diputado federal no pinta un panorama sencillo, pues ya no podrá negociar con la asignación de candidaturas como lo hizo en las elecciones de 2018 y 2021.
Sin poder, Azuara terminará como sus antecesores, una gran historia de alguien que tuvo mucho y al final lo perdió todo.
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