En la madrugada, una sombra se dirige furtivamente hacia el hall del Palacio de Gobierno del Estado. Adornado con lo que parece el sombrero Proyectos Especiales, choca con una columna. Instintivamente voltea a derecha e izquierda escrutando en las tinieblas algún testigo indeseable de su torpeza habitual. Con el mismo azoro, recompone su atuendo y, sobre todo, su esmerado bigotito hindú. Las últimas visiones le han revelado la urgencia por instalar en Xilitla un nido de amor con el pretexto de una extensión del centro en donde cobra la nómina. Las circunstancias exigen discreción, de ahí la sabiduría visionaria que le manda acomodar a la nueva prenda del amplio repertorio en tierra volandera. No quiere llegar tarde a su cita con el Gobernador. Es Tomás Calvillo Unna, parásito del parásito Xavier Nava, ganador del 20 de noviembre después de haber untado convenientemente a los jurados. Toca a la puerta de la oficina con su mano blanda y húmeda de pez sin escamas: toc, toc, toc. Del otro lado se oye una voz: ¡Pase usted!
TC – (girando el paño de la puerta y entrando) Buenos días, mi Gober…
G – Qué pasó, Varón Dando…
TC –(pillado en falta, se sobrepone moviendo el dedo índice de la mano derecha como para disipar la atmósfera mientras camina hacia adelante. Sentándose en la silla frente al escritorio del gobernador) Déjame hablar, ya sé que vas a decir. Te pido…
G -Perdona, pero el gober soy yo, así que…
TC -Ya te he dicho que ya sé que vas a decir, así que déjame hablar. He tenido una visión que es necesario cumplimentar. (Entornando los ojos) Por supuesto con dinero público.
G -A ver, pinche faquir, haz el favor de ordenar tus ideas y después me explicas…
TC –(encajando el golpe) Te pido que no me interrumpas. Se me reveló (extendiendo los brazos y moviéndolos del centro hacia los lados) la importancia impostergable de estudiar a los voladores de Xilitla y de investigar a conciencia los jardines de ese visionario, Edward James, a cuya familia espiritual pertenezco por si no te has dado cuenta…
G -Sitúate. Todo el mundo estudia a los voladores y esa jalada del inglés marihuano…
TC -Déjame, ya sé que vas a decir. Todo el mundo los estudia pero no como lo harán tres personas estupendas, pero estupendas, con las que ya he hablado.
G –(con gesto circunspecto). Dame los nombres. Conociéndote, no quiero malos entendidos, así que no me des el de ninguna mujer…
TC -Perdona, pero la visión me ordena no sólo que una mujer encabece el proyecto, sino además su nombre. Para tu información, es autora de un volumen que no escribió, publicado por su exmarido con dinero de la Secretaría de Cultura y da clases de literatura sin haber leído un libro. (Con semblante grave) Un verdadero ejemplo de probidad intelectual.
G –(con los ojos como platos). Imagino que no será la que imagino. A ver si me vas a crear un desmadre en el gabinete.
TC –(servil, con la boca pequeña) Mi gober, sería incapaz de causarte la más mínima molestia, sobre todo si este proyecto se financia, como debe, con dinero público que, como sabes, no es de nadie excepto mío. (Con sonrisa pícara) Además, la pareja ya ha solucionado sus problemas por vía legal gracias a mi beneficio (complacido por la ocurrencia).
G –(desconcertado) Dame el nombre de los otros dos perdedores.
TC –(con seguridad) Uno es Agustín, cuya función es la de chaperón…
G –(estupefacto) ¡Has dicho chaperón!
TC –(perplejo ante la reacción ahora sí del gober y no de mi gober, e irritado consigo mismo por el desliz de quien se dice el demócrata del amor). Yo no he dicho chaperón, he dicho…
G –(con voz indignada) Has dicho chaperón.
TC -Perdón, pero lo que he dicho es cabrón.
G -Me parece que eso lo eres tú.
TC –(para suavizar la metedura de pata) No me refería a ti, sino a Agustín, el cabrón.
G -En qué quedamos, chaperón o cabrón.
TC – (viendo aliviado como se le endereza la situación) Agustín el cabroncito.
G – (inquisidor) No has dicho cabroncito, sino cabrón.
TC – (con un suspiro de alivio) Eso mismo digo yo. No entiendo por qué estamos discutiendo.
G -Yo tampoco. Por cierto, ignoro para qué quieres poner otro centro en Xilitla, basta con que vayan cada vez y, además, les pagan los viáticos.
TC –(sabiendo que su propuesta, visión incluida, es un timo, espeta con la sangre fría del estafador) No es lo mismo ir que estar allí… haciendo (solemne y pausadamente) TRABAJO DE CAMPO.
G -¡Ah, carajo! Haciendo trabajo de campo. O sea que lo que quieres es una casita de fin de semana…
TC -Estás frivolizando el trabajo que hacemos (tras pronunciar la palabra trabajo le invade un vehemente sarpullido consecuencia de la alergia que le produce). (Rascándose brazos y cuello) Ignoras el sacrificio que exige el (solemne y pausadamente) TRABAJO DE CAMPO.
G – (observando a su interlocutor con mueca malévola) Sí, muy importante el trabajo de campo. Por eso vas a instalar a la dama…, por cierto ¿y el tercero?
TC -El tercero soy yo, para hacer de enlace entre San Luis y Xilitla…
G -¿Para qué quieres ser enlace?
TC -Ya ves, tengo aquí a ese traste de Isabel y no sé dónde arrumbarla… Hace años no faltaban candidatos, pero ahora…
G -Pensaba que era por motivos de… ya sabes… esa palabra que no te gusta.
TC -Ni se me ha pasado por la cabeza, así que ni la mientes (volteando hacia el dorso de la mano izquierda por si regresa el dichoso sarpullido).
G -Pues muy bien, me parece un proyecto muy bien fundamentado, mejor justificado, de inmediata viabilidad. Cuentas con todo mi apoyo.
TC (con una sonrisa de oreja a oreja) Nunca he dudado de tu compromiso con la generación de conocimiento…
G –(irónico) Incluso con el que no genera nada.
TC -Eso mismo digo yo. Bueno, pues ya me voy. Le doy recuerdos de tu parte a Xavier Nava, ahora que va por Morena no sabes cómo le están surtiendo. Pero todo sea por la familia que para mí es lo más importante.
G -Por cierto, me dijo el Pollo Gallardo que es tu abuelo.
TC -Estupendo, ahora mismo voy a presentarme. No lo tenía contemplado en el radar, pero con lo que me dices no necesito más. Voy a ponerme a sus órdenes porque para mí la familia es lo más importante. Además, hace mucho que no veo a mi abuelo.
G -Pues adiós, y no te estampes a la salida.
Un ruido de muebles quebrados estalla en la salita adjunta y el sr. Gobernador apenas ve pasar la sombra fugitiva de Varón Dando, acomodándose el sombrero Proyectos Especiales y el esmerado bigotito hindú.
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