Más de dos años han pasado desde que Xavier Nava impactó en el Ayuntamiento de la capital potosina su ley, que ordenó a propios y extraños se hiciera su voluntad, sin chistar, sin protestar, impensables las oposiciones y quienes lo hicieron sufrieron las consecuencias.
Pero todo tiene un principio y un final. Mientras afuera de la Unidad Administrativa Municipal los ciudadanos dedicaban la canción «El mono de alambre» como despedida para el alcalde Xavier Nava, adentro, el Cabildo, dividido entre los feos y los bonitos, según descripción de Jaime Waldo Luna, debatían si daban permiso o no al presidente municipal para buscar la candidatura del PAN a la gubrnatura de San Luis Potosí.
En una sesión extraordinaria del Cabildo capitalino, que no fue transmitida en vivo a través de redes sociales, Nava tuvo que tragarse una cucharada de su propia medicina. Los regidores panistas, seguidos por los del Verde, a los que maltrató, humilló, menosprecio, ninguneó y cosificó, se rebelaron, sacaron las uñas y le reclamaron al alcalde su machismo, misoginia, falta de liderazgo, traiciones, atropellos, burlas y la forma tan sucia y burda en que pretende pasar por encima de la Ley incluso hasta para despedirse.
Nava pretendió someter a votación el permiso de licencia, calificada de «muy mañosa y contradictoria» para ausentarse como alcalde por tiempo indefinido, lo que no está contemplado en la Ley que sólo tiene dos opciones: menos de 60 días o más de 60 días, además de de que se debe dar el motivo de la separación del cargo.
Karina Benavides, Christian Azuara, Verónica Rodríguez Hernández, Jaime Uriel Waldo Luna, del PAN, secundados por los ecologistas Ana Rosa Pineda y Eloy Frankling Sarabia, enfrentaron al alcalde y sus aliados entre los que se desgarraron el totalmente desconocido y gris Juan Antonio Salas Herrrera del PRD, la síndico Alicia Nayeli Vázquez Martínez y el panista Alfredo Lujambio Cataño, al que endulzaron el oído con la promesa de convertirse en el presidente municipal interino en ausencia de Nava.
A pesar de que transcurrió casi una hora de discusiones entre los regidores y la sindico, el bloque opositor logró que la sesión jamás iniciara, por lo que no fue válida, es decir, no se dio licencia para ausentarse al alcalde.
Xavier Nava estaba enfurecido. De todos son conocidos sus gestos de frustración y odio contra quienes no acatan sus órdenes, olvidando que los regidores, legalmente, son sus iguales.
Por Ley le corresponde a la primera regidora tomar protesta como alcaldesa interina, por lo que Karina Benavides se dijo pisoteada en sus derechos políticos, hizo un llamado a su compañero Lujambio para no prestarse a que ese tipo de situaciones ocurra.
¿Qué más quieres? preguntó Christian Azuara a Xavier Nava “quieres el apoyo del PAN para la gubernatura pro pisoteas a una panista, haz las cosas bien, juega limpio, reclamó el regidor al aún presidente municipal.
Una cosa es cierta. Cada uno de los regidores forma parte de un partido político, de un proyecto político al interior de su partido y los regidores a los que ahora pide su voto, tienen sus propios intereses, compromisos y apuestas. Waldo Luna, afín a Octavio Pedroza, contrincante de Nava, reclamó al alcalde su falta de cabildeo, le recordó los tiempos de la Cámara de Diputados, donde no se avanza sin consenso, ese que durante dos años no ha tenido en el Cabildo capitalino.
El agandalle de Nava fue explicado por la intención de evitar que alguien incómodo llegue a la presidencia municipal y poner en su lugar a alguien afín, que no perjudique a nadie.
El bloque opositor se sostuvo y se mantuvo. Esta vez no sirvió de nada la presión que Nava ejerce en el Comité Estatal del PAN ni en el nacional. De nada sirvieron todos los mensajes que el alcalde envió a Juan Francisco Aguilar o Marko Cortés, ninguno de los dos le respondió.
Los regidores lograron reventar la sesión, no se votó la licencia de Nava, tendrá que modificar el escrito o no podrá irse, necesita al menos 10 votos para poder competir en la precampaña del PAN con miras a conseguir la candidatura a la gubernatura.
El tiempo se agota. Nava necesita de los panistas, de esos a los que un día quiere y al otro humilla y desprecia, pero hoy, por más que intentó, no pudo quererlos. Mañana será otro día.
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