Salinas de Hidalgo, S.L.P.- Todavía no bien amanecía el día en Salinas de Hidalgo, cuando el alcalde Venancio Páez y su familia ya echaban la bilis del coraje pues unos hambrientos perros callejeros se habían metido a su propiedad y se comieron 32 gallos de pelea.
Como castigo, el irracional alcalde ordenó “darles una calentadita” y encarcelarlos hasta que se decidiera qué hacer con ellos.
Elementos de la Policía Municipal y de Protección Civil de Salinas fueron enviados a la propiedad de Venancio Páez para capturar a los perros y llevarlos a barandilla. Los policías golpearon a los animales, de manera tan brutal, que una hembra murió en la celda.
Animalistas de Salinas buscaron recatar a los perros, pero se los impidieron. El alcalde dio la orden de llamar a la perrera de la capital potosina para que los sacrificaran.
El encarcelamiento de los perros despertó la burla de los habitantes de Salinas, pero también la indignación de los animalistas a los que se les prohibió la posibilidad de ayudar a los perros.
No es la primera vez que la administración municipal de Salinas decide acabar con la vida de los perros ya en el pasado han sido envenenados y matados a balazos, “porque hay muchos” es el pretexto de Venancio.
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