Llegó en bici y gorro y guantes al CEEPAC de San Luis Potosí. Alterado, incontinente, excesivo, la presentación de Adrián Esper, candidato a la gubernatura por el Partido Encuentro Solidario, fue bochornosa. Torpe en el uso de las palabras, incapaz de pronunciar una frase con sentido, inepto para transmitir un pensamiento, Adrián Esper hizo el ridículo como pocas veces y la competencia en este rubro no es menor. Hizo el clown Octavio Pedroza, el payaso Mónica Rangel, el titiritero el Pollo Gallardo, el saltimbanqui Xavier Nava. Para lo de Esper no hay palabra, en todo caso, exactamente ridículo. Uno no sabe qué se les pasó por la cabeza a los del PES al optar por un descerebrado, extravagante y estrafalario, como carta de presentación de un partido que se asume serio. Serio no es lo mismo que grande, pero es algo al fin. En un momento en que Acción Nacional, a impulsos de esa estantigua que es Octavio Pedroza, deja un espacio de voto interesante para el PES, no se les ocurre otra cosa que invitar a una excepción del orden natural que podría hacerse con el numerito estelar en un circo de frikis. Porque la puesta de largo del candidato no merece otro calificativo. Faltaron hirsutos, siameses, forzudos, gigantes, enanos, albinos, andróginos, pero se presentó Esper que exhibe un poco de todo. Un tipo sintético, que en algún lugar extravió ese sentido común que no requiere de inteligencia. No es descartable que al lado de Octavio Pedroza Gaitán y Xavier Nava, tras las elecciones, recorran el país presentando varietées ante el siempre exigente público mexicano. Pedroza mostrará sus dotes espiritistas, Xavier Nava su transformismo etílico y Esper sus condiciones anómalas.
El rosario de estupideces que Adrián Esper regaló a los congregados no tiene desperdicio. Entre golpecitos en el hombro al Presidente nacional del PES y surtiendo a zapes al Presidente estatal, transcurrió la conferencia de prensa. Esper era Esper, se encontraba en su salsa, ajonjolí de todos los moles, cacahuate de todas las botanas. Tras amenazar con hacer en San Luis los mismos destrozos que en Valles, no se le ocurrió otra cosa que declarar su devoción por ese estadista que es Andrés Manuel López Obrador, afirmar que el PES es un partido de izquierda e informar que está a favor del aborto. Un chico ubicado, se diría. A cada memez, Hugo Erik Flores abría más sus pequeños y recónditos ojos hasta saltarse de las cuencas, contemplaba intimidado a la bestia que paseaba, azorado ante esa fuerza de la naturaleza que se mostraba imposibilitado de dotar de sentido a lo que parecía singular idiolecto. Entre zape y zape al Presidente estatal del PES, farfullaba cosas incomprensibles entre las que se conjeturaba el término “Virrey”. Los exégetas dedujeron que se refería al sr. Gobernador, Juan Manuel Carreras, pero ninguno se aventuró a certificarlo por aquello de la fama y el prestigio profesional.
Tras una palmadita en el hombro al Presidente nacional del PES y el zape de rigor al Presidente estatal, Esper, a quien le parecieron escasos los medios de información que se habían dado cita, dio por concluido el repertorio. Salió de la misma manera que había entrado, dándole gracias a la vida por haberse conocido. Sin embargo, lo único que en rigor se le entendió, la amenaza de convertir a San Luis en Valles, cubrió con un manto de negrura a los asistentes sumándose a la espesa atmósfera de la absurda presentación. Esper hizo el ridículo y lo hizo muy bien, pero la sociedad potosina no está todavía preparada para tolerar a este espécimen que agota su propia esencia.
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