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Por Elías Landero

 

Movimiento Ciudadano es un partido a subasta en San Luis Potosí. Sin ideario definido, carente de pensamiento político, ajeno a un programa reconocible, regresa a lo que siempre ha sido desde su origen, una empresa al servicio de Dante Delgado “inopinadamente” recién nombrado Coordinador Nacional. Como tantas empresas vende franquicias de la formación al mejor postor. Una manera democrática de apegarse a la fórmula quien paga manda. MC no ha sido afortunado en San Luis Potosí. Eugenio Govea se hizo al principio con la franquicia, discurriendo su coordinación entre fraudes y moches a candidatos del partido, embolsándose lo que no era suyo, reproduciendo a escala el modus operandi nacional. Si el ideario del partido es descapitalizar a los candidatos para que el coordinador se haga de sus recursos, puede convenirse que Govea se apegó estrictamente a la doctrina de MC. Las últimas elecciones trajeron al escenario a Marvely Constanzo que hizo una impetuosa campaña para ubicarse en el quinto lugar de las simpatías ciudadanas. Su campaña no destacó ni por su programa, ni por sus iniciativas, ni en absoluto por un carisma disfrazado de abanico multicolor.

Despuntó porque Marvely, en complicidad con Eugenio Govea, acusó sin pruebas de acoso al candidato a diputado de MC Hugo Carvallo. Revolverse en contra de un candidato de la propia formación fabricando pruebas exhibe la moral de ambos. Este hecho muestra a un partido sin líderes, sin principios, sin convicciones; sujeto al capricho y a la veleidad del momento. El suceso es grave porque alguien inocente fue calumniado y difamado sin otro motivo que la estupidez de Marvely Constanzo para presentarse ante la sociedad como adalid de los derechos de las mujeres. No importó la inocencia del acusado. San Luis asistió a un espectáculo tan obsceno como delictivo interpretado por dos personajes frívolos y vanidosos: Eugenio Govea y Marvely Constanzo. La estratagema perjudicó previsiblemente a la causa en lugar de ayudarla, llevándose por delante a un inocente. Exhibió que el interés momentáneo se privilegia por encima de la verdad. Más allá, desnuda las carencias morales de una pareja incapaz de coordinar ni siquiera una junta de vecinos.

Últimamente aparecieron el empresario Enrique Galván y el político Héctor Ramírez de los que se desconocen sus respectivas intenciones sobre MC, previo pago de la cantidad estipulada. Todo indica que uno de los dos se hará con el control de MC en San Luis, pero no en virtud de sus propuestas o sus iniciativas. Desde luego, no es la mejor manera de llegar a la dirección de un partido político. Pero considerando la abyección en que Eugenio Govea y Marvely Constanzo han convertido a MC, cualquier cosa parece preferible. Galván y Konishi no tienen difícil remontar al partido en San Luis puesto que en rigor nunca existió. Lo tienen a modo. Bastaría con trabajar un poco y tratar a los ciudadanos con cierto respeto, sin incurrir en calumnia y difamación por miope cálculo político y personal. Con todo, dado que MC atrae a lo peor de la política potosina, no es descartable que Galván y Konishi no sean más que émulos de la inmoralidad representada por Govea y Marvely. En este caso, asistiremos a un regreso al futuro en que moches, calumnia y difamación marcan la pauta de ese ideario en que MC es reconocido.