Me moriré a la orilla del ríoPor Octavio Guerrero Torres

 

But all of that’s what the point is not
The point’s that there ain’t no romance around there

Arctic Monkeys, “A Certain Romance”

 

Cada que leo o veo anunciada alguna película o libro que tiene que ver con la frontera norte de México, lo primero que viene a mi mente es la violencia y la recurrencia de su representación en el arte de nuestro país. La pregunta es recurrente: ¿Cuándo dejaremos de vivir en el terror? Tal es el caso de Somos., una serie producida por Netflix y cuyo guion fue escrito por Fernanda Melchor y Monika Revilla. Aunque la producción fue criticada por cuestiones como sus malas actuaciones, principalmente la inverosimilitud en la oralidad de algunos personajes, lo que es verdaderamente importante es el contexto para no olvidar nuestra historia por más que esté colmada de desaparecidos. La miniserie rememora la matanza de Allende, Coahuila, la cual, se calcula, dejó más de trescientos muertos. Precisamente es a lo que nos invita Joe Vargas (Ciudad Juárez, 1994) con su libro de cuentos Me moriré a la orilla del río (Crisálida Ediciones, 2020): a recordar nuestra historia, pero no la del narco, porque la violencia es sólo un telón de fondo para estos ocho cuentos.

Joe Vargas escribe de lo fronterizo, pero no por moda, sino por el contexto y la cultura de vivir y haber nacido en Ciudad Juárez; alguien que la vio convertirse en un campo de guerra con un afluente continuo de personas que cruzan día con día para trabajar o estudiar y que ha convertido a un tipo de violencia en un tópico específico de la literatura. Pero, ¿cómo dejar de escribir de lo que nos horroriza cuando esto forma parte de nuestra cultura? Los cuentos del autor representan la cotidianidad de vivir en la frontera, de no tener muchas opciones; la green card o la ciudadanía para estudiar en El Paso y mejorar la vida, aunque sea un poco. Pero, como dice Carlos Gardel: “El viajero que huye tarde o temprano detiene su andar”, es por eso que Dani, en el cuento “Me moriré a la orilla del río”, no puede escapar de la violencia por más que cruce al otro lado y tenga la nacionalidad estadounidense; uno de los problemas que enfrentan miles de latinoamericanos.

Algunos de estos cuentos son historias de amor que, a final de cuentas, no le temen a la violencia que ocurre a su alrededor, más bien, la convierten una alternativa contra el sistema y la imposición de un matrimonio fallido, como en “El colt de Marty Robbins”, donde Carolina huye con Susy en una troca con destino a Nuevo México para escapar de su marido. ¿Qué más se puede hacer si no disparar contra la policía para que la persona que amas pueda huir? En “One more love song”, una pareja de adolescentes transita entre bares, conciertos y hoteles de la frontera. Dicho noviazgo, que recuerda al de Ana Ríos y Ángel Ros, protagonistas de la novela Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, de A. G. Porta y Roberto Bolaño, se sale de la violencia cotidiana en las relaciones amorosas –celos, manipulación, chantaje, etc.– y llega al límite matando a un sintecho, un homeless. Así lo escribe Vargas, en inglés, porque el espanglish es una constante en la oralidad de su narrativa, sobre todo en el cuento “No entiendo por qué los que deben proteger hacen lo opuesto”, que va de un joven mexicano ilegal viviendo en El Paso, el cual es acusado injustamente de un robo y asesinato: “No mames, bro, wacha, están robando la drugstore”.  Siendo partícipe o víctima de la violencia, los personajes de Joe Vargas –que se cruzan en algunas historias–, transitan entre Ciudad Juárez y El Paso y siempre están escuchando música. Este ciclo cuentístico, también es una breve enciclopedia musical con menciones a bandas de rock como Deftones, Kings of Leon, Arctic Monkeys, Los Silver, Guns N’ Roses o Placebo. Por detalles como este, se trata de un libro contemporáneo y que suena a fuertes acordes tocando canciones de rock alternativo.

Igualmente, el autor menciona a algunos pueblos fronterizos, una parte olvidada de la historia de México: los N’dee y los Zuni. Poco se habla de estos pueblos, que, a partir de 1835, el nuevo estado de la República Mexicana mandó a perseguir ofreciendo recompensas tanto a los mexicanos como a los estadounidenses. En el cuento, “La cabellera de Luisito Comunica”, el autor menciona lo siguiente con referencia a un personaje: “Contacté a Johnny, mi mejor amigo, Él es n´dee, pero como aún somos muy ignorantes para distinguir los pueblos de nativos en la zona, todos le decimos El Apache”. Así, este cuentario representa una resistencia a la violencia –aunque tenga que efectuarse esta misma– por medio del amor, un repaso por el rock alternativo de este siglo, y, sobre todo, el recuerdo de los otros desaparecidos de México, esos que la historia y la cotidianidad de vivir en medio de la violencia nos han hecho olvidar.