Dom. May 9th, 2021
Elias Landero

El candidato a diputado por Movimiento Ciudadano (MC), Hugo Carballo, ha pasado de ser acosador, violador y casi homicida, a autor de un par de tuits de dudosa interpretación emitidos hace años. El acoso y la violación fueron los que cometieron Govea y Marvelly hacia el candidato exhibiendo lo que son: dos oportunistas, frívolos y superficiales, a quienes nada les importa la verdad y mucho menos la dignidad de las personas. Govea o “Vegoa” montó el espectáculo porque Carballo se negó a entregarle el dinero de su campaña; Marvelly buscó rédito político subiéndose a una falsa acusación con la excusa de un feminismo que sólo es clasismo y racismo. No parece que sean atributos de los grupos feministas. Ambos han mostrado en este episodio lo peor no ya de la clase política, sino de unos sujetos que se consideran impunes. Los dos personajes han incurrido en calumnia y difamación. A pesar de indagar por todas partes, no encontraron nada que pudiera imputarse al candidato que un par de tuits. Pero el simulacro que montaron ofrece elementos que imputa a ambos. Así que Govea, que acaba de recibir nuevas acusaciones de quedarse con el dinero destinado a la campaña de otro candidato de MC, suma nuevo baldón a su persona. Se entiende su frenética campaña por acabar con su pobreza, pero se agradecería cierta elegancia y discreción. Empañar la imagen de un candidato del propio partido con denuncias simuladas debería tener consecuencias no sólo legales. Siendo presidente de MC en San Luis, expone qué es este partido sin presente y sin futuro, al menos mientras continúe al frente. El caso de Marvelly Costanzo es igualmente conmovedor. Desprovista de imaginación y convicciones, carente de ideas propias, muestra quién es: una niña malcriada y fresa que actúa a impulsos del capricho y del antojo. MC encontró una candidata a la altura de sus propuestas. El caso es digno de estudio. Es el típico espécimen que seguramente le va al América y al Barça y luego dice que le gusta el fútbol. Lo más chocante de la joven es su frivolidad, sin desmerecer su devoción por equipararse con un árbol de navidad o una piñata. Lo cual permite pensar que su paladar chocolatero se decanta por lo amargo, porque la frivolidad siempre tiene regusto clasista. Su actitud en el affaire Carballo, que le llevó a aparentar una denuncia en el INE, exhibe la inmadurez y superficialidad de un temperamento irrelevante.

A Govea y Marvelly no les importó mentir, difamar y calumniar. No les importó montar un pancho llevándose por delante la fama de un candidato. No les importó el daño que hicieron a Carballo y a su familia y a sus amigos. Hay una grabación en que el candidato a diputado se dirige a Govea y Marvelly denunciando que el primero le había pedido el dinero de su campaña para entregárselo al candidato a alcalde, extitular de Derechos Humanos, el mismo que en una comida declaró que “a Carballo, sea culpable o inocente, lo bajamos porque lo bajamos”. Ante el reclamo de Carballo, Govea exclama, “no me entendiste bien”. Ni Govea, ni Marvelly, gozan de la más mínima autoridad para optar a nada. Representan lo peor de una clase política y social que considera que la vida de los demás está a su servicio. Desde luego, MC con estos caricatos está donde tiene que estar, en ese lugar invisible según reflejan las encuestas. Irresponsables y abusivos, lo mejor que pueden hacer es renunciar a cualquier ambición, pedir cita con el psicólogo y asumir las consecuencias de sus excesos.

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