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Xavier Nava Palacios, Mónica Rangel Martínez, y el Mijis, son un reflejo coherente de la descomposición que en todo el país vive el partido que iba a ser la “Esperanza de México”.

En su pragmatismo por conservar el poder, y por asegurar la mayoría de diputados federales que permitan a AMLO seguir con sus reformas de gran calado, han echado mano de candidatos indeseables, repudiados.

Felix Salgado Macedonio, en Guerrero, acusado de múltiples violaciones sexuales; Clara Luz Flores, en Nuevo León, perteneciente a la secta de pornografía infantil de Keith Raniere; y Mónica Rangel, con acusaciones penales por el robo de cientos de millones de pesos en los Servicios de Salud.

Rangel Martínez es un ejemplo de la corrupción impune que se ha enseñoreado en este gobierno de Juan Manuel Carreras López. En vez de ser investigada, inhabilitada, y mandada a su casa por corrupción, se le premió con una candidatura.

Es una candidata apestada: por acusaciones graves de corrupción, porque apenas en noviembre pasado pertenecía al PRI, y por haber sido impuesta a los militantes de MORENA, que donde la ven le mientan la madre.

Mónica es acompañada en la plataforma electoral del mismo partido por Xavier Nava Palacios, como aspirante a la reelección en la capital. Pero se trata de otro candidato sumido en el fango del desprestigio.

A la incompetencia, desvío de dinero, nepotismo, y tráfico de influencias que Nava dejó ver en estos casi tres años al frente del Ayuntamiento, suma una muy mala reputación de saltimbanqui, de incongruencia, de chapulín obsceno de la política.

Ha usado todo el tiempo el prestigiado apellido de su abuelo don Salvador Nava Martínez, pero ninguna de sus virtudes.

Fue gallardista, del PRD; luego se fue al extremo contrario de la ideología y se agarró a las siglas del conservador partido Acción Nacional.

Como alcalde despotricaba contra AMLO, hacía complot con otros políticos nacionales en contra de la Cuarta Transformación, y hasta acudió con otros alcaldes a patear la puerta de Palacio Nacional, solicitando más recursos al presidente.

Después fracasó en sus intentos de ser candidato a reelección por el PAN. La pésima trayectoria no fue suficiente para hacerle ganar ni la contienda interna en contra de Octavio Pedroza.

Y hoy es un aspirante ilegal del partido que repudió, de MORENA, pues la Ley Electoral le impide ser candidato por otro partido que no sea alguno de los que lo registraron en la primera elección. En este caso PAN y Movimiento Ciudadano.

Como tercer candidato apestado, representativo de ese partido de López Obrador, acaba de arribar el Mijis.

Pedro Carrizales pasó de la delincuencia de su barrio, a la de la política, donde se la ha visto impedir actos judiciales de desalojo, participar con gente armada en elecciones de otros estados, y armar auto-atentados.

Si por todo eso no fuera el tercer candidato más apestado de los morenistas (en realidad los militantes reales no quieren a ninguno de los tres), todavía habría que añadir la forma vergonzante y espuria con que arriba a una candidatura a una diputación federal.

Llega representando supuestamente a los indígenas, lo cual se convierte en una burla para los sectores de los verdaderos pueblos originarios de San Luis Potosí.

Fue un delincuente urbano, un representante de los sectores marginales de barriada, un criminal que estuvo preso por acusaciones de homicidio doloso, robo, y otros delitos.

Pero Mijis nunca ha sido de ningún pueblo indígena, tampoco le han preocupado los problemas de tales pobladores, que desconoce. Por eso ahora organizaciones indígenas lo desprecian y están impugnando su candidatura, al igual que se encuentran en litigios las de Mónica y Xavier Nava.

El presidente de MORENA, Mario Delgado (“Muñeco”, “Títere”, le ha llamado Porfirio Muñoz Ledo) metió a Carrizales con calzador como representante indígena, y mandaron a lugares más alejados en la lista a políticos profesionales como Juan Ramiro Robledo.

Habrá que esperar los resultados del 6 de junio próximo, para ver si el prestigio ganado a pulso por AMLO es suficiente para que los electores se traguen estos candidatos hoy apestados, repudiados hasta por los mismos seguidores del partido que representan.

Que ganen está en duda, pues “el pueblo no es tonto”, dice el mismo Andrés Manuel López Obrador.