Dom. Abr 18th, 2021
Elias Landero

Iniciando la campaña no hay disimulos, ni embozos, ni simulaciones. No falta quien remite a la página del Congreso Estatal para exhibir sus intenciones. La información de Eugenio Govea merece enmarcarse en pan de oro. Sin recato, se lee: “gran parte de su vida la ha dedicado a la actividad política luchando por disminuir la pobreza”. El quehacer político ha impedido al esforzado diputado conocer el significado de las palabras, la función del lenguaje, el objeto de la lengua. Da la impresión de que su transformismo no deja indemne ni siquiera al apellido: Govea por “Vegoa” y viceversa. La prevaricación lingüística irrumpe desde el principio: “gran parte de su vida la ha dedicado a la actividad política”. Lo que quiso decir, en realidad, es que toda su actividad ha sido política. Dicho de otra manera, no ha hecho nada fuera de la política en la que tampoco ha hecho nada. Un parásito que se dedica a la política como hubiera podido dedicarse a coleccionar estampitas. ¿Dónde está la diferencia que ha llevado al intrépido diputado a optar por la política en lugar de las estampitas? En la lana. Por eso Govea es “Vegoa”: “Vegoa” por tu cartera, “Vegoa” por tu billete. Un Ricardo Anaya reubicado, extemporáneo y potosino.

Se antoja pertinente consignar las preocupaciones del denodado diputado: “luchando por disminuir la pobreza”. Sus estrategias para combatirla son variadas y cromáticas, aunando antiguas y muy modernas. Govea o “Vegoa” es un impulsivo emprendedor, un innovador infatigable. Entre los modos que parece emplear para enfrentar la pobreza, se encuentran el tradicional moche de exigir 40.000 pesos a candidatos a alcaldes por Movimiento Ciudadano que se embolsa directamente; entre las innovaciones, despliega un abanico de alternativas bizarras y originales como solicitar a un precandidato a diputado que empeñe su casa para obtener la candidatura. El dinero lo recibe Govea quien además administra una empresa para facilitar la operación. Se le agradece la cortesía y la probidad. Es fama la no menos epatante novedad en el área de la publicidad con que seduce a los candidatos de Movimiento Ciudadano a precio de ganga: 50.000 melones el espectacular, al margen de su costo, que se ingresan en sus cuentas. Govea o “Vegoa” es un visionario, un profeta-estadista, un espíritu esclarecido, un elegido que se ha pasado la vida “luchando por disminuir la pobreza”. Pocas veces se subraya esa creatividad con ribetes de genio con que la combate. Si esto no es enfrentarla, se ignora qué puede serlo. Con criterio, Govea entiende que el combate a la pobreza, como la caridad, comienza por uno mismo. Y hay que reconocer que en la lucha no ha dado cuartel a su pobreza. Si su estrategia de combate deslumbra por inventiva y audaz, su compromiso con erradicar la propia resulta ejemplar.

Hombre con vocación de servicio y firmes convicciones, preocupado por sus semejantes, de fina generosidad y trato delicado, ejemplo de compromiso cívico y moral, Govea o “Vegoa” busca aliados y socios con que combatir su pobreza. A Govea le preocupa en exclusiva su pobreza. “Vegoa” lucha contra ella. Con seguridad, una vez que la haya derrotado definitivamente, se dedicará a enfrentar la de sus hijos, sobrinas, tíos, concuñas, primos, amigas, cuñados. No se entiende cómo este dechado de virtudes no amerita una placa homenaje, un busto broncíneo o una estatua ecuestre al lado de las tres gracias para reírse los cuatro de los potosinos. Porque en el combate a su pobreza, Govea o “Vegoa” va con todo.

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