Mié. Ene 20th, 2021
Elias Landero

Xavier Nava y la prensa nacional

Por Elías Landero

Una extraña figura trastabilla con el tope del hall del elegante Embassador, hotel de postín de la capital de la República, descolocando el sombrero ad hoc que lo corona y desacomodando el esmerado bigotito hindú. A la mente le viene la imagen del inspector Clouseau con que suelen poblarse sus visiones y a quien considera alter ego muy a su pesar, pues siempre se imaginó un James Bond relleno de crema pastelera. El observador reconoce al pretencioso Tomás Calvillo Unna. Recompuesto de la contrariedad, enfila el corredor hacia la cafetería en donde le espera René Delgado, prestigioso periodista, al que entusiasma contar mirándose los dedos: uno, dos, tres… Ha citado al acucioso reportero, ábaco portátil, en ese local porque piensa que es como jugar en casa, recordando su puesto de diplomático en el Oriente fecundado a conciencia. Con pasos lentos, torpes de repente, se dirige a la mesa en que ya espera el periodista, al que tiende su mano blanda y húmeda de pez sin escamas.

 

TC -Hola René, ya he llegado.

RD -¡A poco! Uno, adivino por tu sombrero que estás en misión.

TC -Advierto que no has perdido el touch de observador avispado.

RD -Otra vez, uno, el sombrero delata que vienes de incógnito. Dos…

TC (interrumpiendo)       -Déjame hablar. Ya sé qué vas a decir.

RD -Si piensas que tres, estás equivocado porque todavía tengo que informarte del dos. Dos, por cierto, ¿cómo está tu mujer?

TC -¿Cuál de ellas?

RD -Tres, pues supongo que la última.

TC -Cuando el amor es acompañamiento (intenta un guiño de complicidad con el ojo izquierdo pero como nunca aprendió, habiendo olvidado el parche de pirata, se lo tapa con una mano), todas son la última. Pero si te refieres a la última, última, en el entendido de que es la que he dejado en casa, la alojé hasta mi regreso en el motel acompañada de unos becarios para que la atiendan a conveniencia.

RD -Cuatro, eres un caballero.

TC (halagado, mira de soslayo a derecha e izquierda. Y espeta a su interlocutor en voz baja y misteriosa). -No tenemos tiempo. X. N.

RD -Cinco, Xavier Nava…

TC (lo interrumpe de nuevo apenas susurrando) -René, discreción. X. N. No sabemos quién puede estar escuchando. Vengo comisionado por dos personas estupendas, pero estupendas, Valla y Horacio…

RD (intentando arrebatarle la palabra). Seis…

TC (impidiendo el expolio) -Sí, Sánchez Unzueta.

RD (en un acto heroico, dice de corrido) -Seis, siete, ocho, el famoso glifo potosino de la época chichimeca.

TC (incómodo ante el protagonismo de su interlocutor). Un respeto que estás hablando de mi tío querido, digo de mi dilecto primo político-político…

RD (sin arredrarse ante la ofensiva) -Nueve, pero es que para ti son primos; diez, son tíos; once, son abuelos quienes se te pega la gana respectivamente a nueve, diez y once, que quede claro (cierra el puño de la mano derecha y lo enarbola en gesto de triunfo). Por ejemplo, X. N. hace apenas dos años era un pinche escuincle y ahora es tu sobrino preferido, un tipo estupendo… por no hablar de que ni siquiera es tu sobrino.

TC (estupefacto ante la velocidad intempestiva con que RD ha pronunciado las palabras anteriores, se repone de inmediato con la presteza del ducho en estas lides para añadir, volteando de nuevo en derredor) -A lo que vamos, mi misión consiste en crear una red nacional de opinión favorable a X. N.

RD -Doce, ¡está cabrón!…

TC -Ya sé que vas a decir. Déjame hablar. Ya sabes que X. N. es mi sobrino favorito y que haré todo lo que esté en mi mano para que gane la gubernatura. Que quede claro que lo hago por él…

RD (atónito ante la última confesión) -Doce, eso no te lo crees ni tú. Sólo te quieres a ti mismo y a tu hueso…

TC (tratando de evitar que RD abunde en el previsible comentario cáustico, añade para despistar) -Has dicho doce y era once, lo siento, me toca. Pues como te decía…

RD (cada vez más irritado) -Perdona, pero el del ábaco soy yo. Si te digo doce, es doce, y ahora es trece…

TC (impertérrito) -Era once, perdiste el turno, además ya sé que vas a decir…

RD -Ni madres, yo no pierdo el turno.

TC -Por única ocasión, te lo cedo.

RD -Sitúate pinche faquir. Trece, en tus años de mendigo te contraté en mi periódico a cambio de colaboraciones en que sólo decías estupideces, con faltas de ortografía, utilizando palabras con significado equivocado, hilvanando frases sin sentido…

TC (ruborizado ante la andanada que lo exhibe de cuerpo entero) -Como ya sé lo que vas a decir y tengo otros asuntos, me despido.

RD (mirándolo a la vez con ternura y desprecio infinito) -Catorce, nos vemos. Quince, me encargo de Reforma, Televisa, El Financiero, Milenio y toda la perrada… Dieciséis, y no tropieces a la salida.

TC (azorado) -¿Cómo sabes?

RD -Diecisiete, porque somos brothers y ¿dónde vas ahora?

TC -A meditar paseando.

RD -Dieciocho, es verdad, nunca has trabajado.

TC (contrariado por el exabrupto) -Tampoco te pases. Para tu información hacer, hacer, lo que se dice hacer, la primera comunión, por suerte luego me hice sikh.

 

Calvillo se cala el sombrero, se acomoda el bigote esmeradamente hindú, se hace maje con la cuenta, se agandalla con sorpresiva habilidad la propina, sortea el escalón…, pero se da de bruces contra la puerta de cristal. Con la autoestima estrellada pero habituada, tiene no obstante la satisfacción del deber cumplido. Todo por X. N., el sobrino no sólo querido sino preferido de hoy aunque no sea su sobrino. El futuro inmediato sonríe al pirata cojo con pata de palo y, por una vez y sin que sirva de precedente, sin parche en el ojo. El mañana ya deparará otro primo o tío o abuelo o sobrino y eso que no cree en la familia.

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